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E-mails

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miércoles 18 de enero de 2012, 00:00h
Actualizado: 01/02/2012 13:31h
Un amigo me envía un e-mail con una propuesta interesante: al igual que las administraciones -algunas- están empezando a enviar facturas simbólicas señalando a los usuarios lo que cuestan los servicios sanitarios que utilizamos -con la sana intención de concienciarnos para que no malgastemos-, el escribiente propone que también los políticos reciban su respectiva factura explicativa cuando acuden a una inauguración, visitan una feria, realizan un viaje de trabajo, reciben un móvil o un ipad a cargo del erario público, etcétera. Con el mismo fin: que se conciencien de lo que cuestan sus actividades y no abusen.

Otra sugerencia, también recibida vía e-mail, proponía una modificación legal que convirtiera a los políticos en activo -diputados nacionales y regionales, senadores, concejales- en españoles como todos los demás: que sus retenciones fiscales sigan los mismos criterios que las del resto de los mortales, que las condiciones para que cobren una jubilación sean también iguales, que sus horarios y periodos vacacionales coincidan con los de la media nacional... 

Muchas de estas peticiones resultan irrealizables por diferentes motivos. Pero su elaboración y difusión denotan un trasfondo de crítica cada vez más feroz contra los políticos, considerados muchas veces por la opinión de la calle como una casta de privilegiados al servicio sólo de sus propios intereses. Y esto es peligroso para todos, pero sobre todo para la buena salud de la democracia. Hay muchos  políticos honestos, responsables, trabajadores infatigables, a los que nada de lo que reciban les compensará de su entrega y sacrificio. Los hay; yo incluso conozco alguno. Pero también hay otros que se han acostumbrado a una vida cómoda y llena de privilegios, donde levantar el teléfono es el único esfuerzo que hay que realizar para conseguir casi todo: desde una cita médica a un empleo o unas entradas -gratis total- para el espectáculo más demandado. Ahora que el verbo ahorrar es el más conjugado, la austeridad a la que las circunstancias y las políticas obligan a muchos ciudadanos debe ser aún mayor entre la clase política. Por higiene democrática, y porque de no hacerlo así, perderán una oportunidad de oro para regenerar su imagen ante la sociedad a la que representan.
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