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Drácula: teatro de género

Drácula: teatro de género

martes 17 de enero de 2012, 00:00h
Actualizado: 18/01/2012 19:01h
El teatro Marquina presenta un nuevo montaje sobre el vampiro Drácula, encabezado por Emilio Gutiérrez Caba y Ramón Langa. Un ejercicio de género –el terror- realizado con más que suficientes medios de producción y reparto. Aspiran a quedarse en cartel todo lo que resta de temporada.
Hubo unas épocas en las que los teatros madrileños estaban especializados en géneros. El Infanta Isabel tenía el suspense, la Comedia, los textos burgueses, el Calderón o La Latina, la revista… Y el público acudía a ellos sabiendo, más o menos, lo que iba a ver. Pero esa catalogación desapareció cuando todo el teatro parecía que debía ser de “tesis”. Por eso es de agradecer que el Marquina, De Juan y Bazo apuesten por recuperar un tipo de representación que, seguro, tendrá fieles seguidores. Todos conocemos como es Drácula, qué hace y como termina. Por eso vamos al teatro – o al cine- para ver cómo nos cuentan una historia conocida.

Un decorado espectacular, un elenco solvente, unos trucos diseñados por Yunque y una ambientación sonora contundente (espacio sonoro le dicen ahora…) envuelven la historia, el enfrentamiento entre el conde Drácula (Langa) y el doctor Van Helsing (Gutiérrez Caba) para hacerse con el control de la inocente Mina. Durante la primera parte (no hay intermedio), nos presentan el drama de una joven asediada por el Señor de la Noche, capaz de seducir a toda dama que se cruce en su camino. Después asistimos a la persecución del vampiro por sus diferentes moradas. Son los momentos del tenebrismo y de los sustos.

Dracula en el Teatro MarquinaEmilio Gutiérrez Caba oficia de maestro de ceremonias. A modo de conferenciante, nos narra el drama del que fue protagonista en las cercanías de Londres. Enfrente tiene a Langa como vampiro chulesco, 'sobrado', imperturbable ante las acometidas de agua bendita, crucifijos o verbena officinalis. Tiene el actor el sigilo necesario para aparecer en escena sin que nos demos cuenta, o para salir de ella.

María Ruiz como Mina y Martiño Rivas como su prometido, son la joven generación. Está muy bien que los actores surgidos de la televisión decidan someterse a la disciplina del teatro. Son jóvenes y voluntariosos. Sus posibles carencias se irán cubriendo con el paso de los años y la experiencia, si perseveran sobre las tablas.

Hay otros tres actores, César Sánchez, Amparo Climent y Mario Zorrilla que saben siempre ocupar su espacio e intervenir con credibilidad en cada una de sus apariciones.

Seguramente no atraerá este espectáculo a los devotos de Peter Brook, Brecht, Pandur o Animalario. Pero creo que recuperará al público que busca en el teatro una tarde de entretenimiento.
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