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Los 'tesoros' del teatro Albéniz

Los 'tesoros' del teatro Albéniz

martes 29 de noviembre de 2011, 00:00h
El incendio declarado este martes en el teatro Albéniz vuelve a encender las alarmas sobre la conservación del edificio y de sus 'tesoros' artísticos. Inaugurado el 31 de marzo de 1945, el gran teatro mostraba en su fachada un imponente retablo de esculturas móviles.
Representaciones de tipos populares españoles creadas por el artista Ángel Ferrant. El conjunto resultó tan sorprendente que los madrileños se apelotonaban en la calle Paz cada vez que se ponía en marcha todo el mecanismo. Tal debía ser la congestión que la Comisión Permanente del Ayuntamiento, en reunión del 17 de abril de 1945 solicitaba que no se realizara el espectáculo para no perjudicar a la circulación. El peso del conjunto debía resultar excesivo para la estructura de esa fachada por lo que las esculturas fueron retiradas de su emplazamiento original y trasladadas a los vestíbulos y pasillos del teatro. No sin que, antes, provocaran un gran susto al derribar el viento la representación de 'La sevillana', que el 7 de noviembre de 1949 se precipitó al suelo, impactando sobre un coche aparcado ante la puerta. Hasta el cierre, el 21 de diciembre de 2008, todos pudimos ver esas enormes efigies, si bien nunca se accionaba el mecanismo por  el que simulaban tocar instrumentos regionales, como la gaita, la guitarra o el tamboril.

albeniz teatro tesorosÁngel Ferrant siguió la labor artística de su padre, el pintor Alejandro Ferrant, estudiando bellas artes entre otros  con Aniceto Marinas. Antes de establecerse definitivamente en nuestra capital, el año 1934, trabajó en Galicia y Barcelona. Durante la primera mitad del siglo XX, desde su taller en la calle Miguel Ángel, proyectó numerosas obras para las vías públicas madrileñas. Fue una de las figuras destacadas de la vanguardia y se le considera el iniciador en España de la escultura cinética. Falleció el 24 de julio de 1961. Un año antes había obtenido un premio especial de escultura en la Bienal de Venecia. La mayor parte de su legado puede verse en Museo Patio Herreriano de Valladolid. Suponemos que las esculturas creadas para el Albéniz pasarían a ser propiedad de la empresa que adquirió el inmueble. Pero las administraciones harían bien en garantizar la conservación de este conjunto artístico.

Tampoco podemos olvidarnos de las pinturas que decoran el tramo trasero del patio de butacas. Fueron realizadas por el madrileño Javier Clavo, fallecido el 24 de mayo de 1994. Las pinturas del Albéniz muestran una alegoría de la música, con distintos instrumentistas tocando en el Parnaso de las musas. Cuando Clavo las realizó empezaba su carrera, ya que tenía 26 años. Tanto el pintor como su esposa, la artista del esmalte Ángela Escribano, gozaron de gran renombre, continuando su labor artística la hija de ambos, Zinnia Clavo.

De la suntuosa ornamentación original —mármoles de Ribelles, lámparas de Pedro Ternero…— poco quedaba ya. Al cumplirse tres años del cierre del teatro, nos tememos que la ruina puede llegar a ser total.
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