Crítica teatral.- 'La reina de la belleza de Leenane'
martes 06 de septiembre de 2011, 00:00h
Actualizado: 07/09/2011 12:59h
El año 1998 se estrenó en Barcelona La reina de la belleza de Leenane, un drama cruel de Martin McDonagh. Vicky Peña y su madre, Montserrat Carulla, realizaron un trabajo interpretativo memorable, que solo pudo verse en Madrid durante unas pocas semanas. Ahora llega al Nuevo Teatro Alcalá en un montaje que permanecerá seis semanas.
n un remoto pueblecito irlandés una anciana y su hija viven una turbulenta relación, marcada por la crueldad entre ambas. Son dos mujeres tremendas
cuyo único objetivo parece ser hacerse daño mutuamente. Y se emplean a fondo. Pero también son dos seres iguales, predestinados a sucederse. Madre e hija se necesitan, sobre todo la primera, y se complementan. La aparición de un pretendiente para la hija acabará por desencadenar una tragedia.
Poner en pie este drama no requiere de gran complejidad escenográfica. El escenario de la sala pequeña de este teatro tampoco la admite. Pero, a cambio, los espectadores disfrutamos con la cercanía de los actores. La iluminación contribuye a crear un ambiente siniestro y resuelve certeramente el misterio de la última escena.
Pero La reina de la belleza de Leenane sí necesita dos actrices dispuestas a dejarse a la piel. Maite Brik, a la que solemos ver regularmente en circuitos alternativos, es la madre. Gloria López en Mauren, la hija con problemas mentales. Orencio Ortega y Pablo Gómez son los dos hombres que sirven para la catarsis de las mujeres. Es justo reseñar el homogéneo trabajo de los cuatro actores, dirigidos por Álvaro Lavín. Quizá entre las dos mujeres no queda tan evidente el vínculo indisoluble que las ata. Gloria López gana, desde mi punto de vista, el mano a mano. En cada una de sus escenas resulta perturbadora, nos engaña sobre su situación. Especialmente conmovedora es su última escena, espléndidamente secundada por Pablo Gómez-Pando.
Este es uno de los espectáculos recomendables en la nueva temporada. Por la interpretación y por el texto. Porque es una historia que engancha, que tiene ráfagas de humor negro y un trasfondo de nacionalismo irlandés. Con la cercanía entre público y actores, resulta imposible no meterse dentro del drama ni contener la respiración en algunas de las atroces escenas.