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A vueltas con el Albéniz

A vueltas con el Albéniz

lunes 27 de junio de 2011, 00:00h
Actualizado: 11/07/2011 13:38h
Leo que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid insta a la Comunidad de Madrid a  incoar expediente para declarar bien de interés cultural al cerrado teatro Albéniz, Ese podría ser un primer paso para recuperar este céntrico teatro al que las autoridades negaron protección hace cuatro años. Pero en el hipotético –y poco probable desde mi punto de vista- caso de que se lograra detener la desaparición del Albéniz, su futuro no sería halagüeño. Actualmente ha pasado a ser propiedad de una empresa privada, que debería cumplir lo que se acuerde sobre su futuro pero que no tendría obligación de ponerlo en explotación.

Inaugurado el 31 de marzo de 1945 –con polémica entre los arquitectos que lo proyectaron y el que lo terminó- tuvo una primera etapa dedicada a los espectáculos musicales: revista, zarzuela y ópera. Pero en 1954 echó el telón para convertirse en sala de cine, siendo una de las primeras que incorporó el Cinerama. Siguió así hasta que la Comunidad de Madrid arrendó el teatro para destinarlo a la programación de sus festivales, fundamentalmente el de Otoño. Corría el año 1985 y el gobierno regional mantuvo el arriendo hasta que, en 2008, se inauguraron los teatros del Canal. El 20 de diciembre de 2008, a pesar de la campaña desarrollada por una plataforma empeñada en su salvación, el Albéniz cerró las puertas, al parecer para siempre. Pero han pasado casi tres años y el edificio sigue en pie al no haber podido, la empresa propietaria, llevar a cabo los proyectos urbanísticos en la manzana.

Imagen del interior del Teatro Albéniz.Sorprendió, en su momento, que ninguna instancia oficial defendiera el mantenimiento de este gran teatro, que tiene alguna singularidad arquitectónica, sobre todo el sistema de construcción de los pisos superiores. En la decoración original estaban las pinturas de Javier Clavo, en los techos, y las esculturas de Ferrant, concebidas como un gran retablo para la fachada principal.

El Albéniz no es una buena sala para el teatro "de verso". La acústica es atroz y se requiere amplificación, no siempre con buenos resultados. El escenario también tiene notables carencias. No obstante, por su aforo y por su ubicación, puede ser un recinto adecuado para grandes conciertos, algunos ballets o espectáculos que se realicen con sonido pregrabado. Estos inconvenientes, y la carencia actual de equipamiento técnico-artísticos, deberán ser tenidos en cuenta si, finalmente, se salva de la piqueta.

Ha sido encomiable la defensa que se ha hecho del Albéniz desde la calle. Pero me sorprende que no haya más quejas sobre otros teatros madrileños que, estando en funcionamiento, corren grave peligro. Son teatros de gran historia –alguno más que centenario- con protección en el PGOU de Madrid y cuyo aspecto actual y conservación debería preocupar –y mucho- a los encargados de garantizar la supervivencia de estos coliseos, empezando por el Ayuntamiento. También teatros como el Lara y el Calderón deberían tener la consideración de Bien de Interés Cultural. Pero nadie lo pide para ellos. Yo, sí.

Texto y fotos: Antonio Castro (Cronista de la Villa)

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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