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Consistorios

Consistorios

viernes 10 de junio de 2011, 00:00h
Actualizado: 28/06/2011 16:57h
Llegó el momento. Los ayuntamientos salidos de las urnas el día 22 de mayo se constituyen, unos con pena y otros con gloria, que de todo hay. A estas alturas, casi nadie se acuerda ya de esas cosas que se dicen en campaña sobre apoyar a la lista más votada, o no pactar con unos o con otros. Al contrario; lo que ha salido a la luz es el cabreo de los que se quedan fuera, los intentos a veces frenéticos de alcanzar acuerdos, las amenazas más o menos veladas cuando éstos peligran, y hasta la pérdida de papeles cuando se desbaratan, como castillos de naipes, las esperanzas que algunos cifraban en las combinaciones de elementos. Porque una vez conocidos los resultados de los comicios, es el momento de la aritmética. Y los números no tienen color: De ahí que se propongan pactos con la derecha, con la izquierda, con el centro, y hasta con el diablo, si eso puede ayudar al mantenimiento del gobierno.

Y se dan situaciones curiosas: como la de no querer ni acercarse al oponente del mismo campo ideológico durante la campaña, o proponer directamente el "voto útil" -que supone inutilizar el de los seguidores del contrario, por mor de esa eficacia-, y sin embargo estar ahora cada día pidiendo la unión de los votos de la izquierda. Porque una cosa es que el alcalde o alcaldesa sea el candidato del partido más votado, y otra las operaciones aritméticas que concluyan quién merece ser considerado así. Es más, si se unen los votos de unos, de otros, de los independientes y de los últimos en llegar, resulta que son muchos más que los del otro partido que, por sí solo, y en apariencia, suma mayor número de sufragios. ¿Quién dijo que las matemáticas son una ciencia exacta?

Los partidos recién incorporados al panorama político de los municipios resultan, según con quién se hable, los más "guays" o un atajo de demagogos. Y esa opinión tiene mucho que ver con el lado por el que se hayan decantado a la hora de dar sus apoyos. Y en cuanto a los independientes, suelen ser la mayor sopresa de las elecciones, porque nunca se sabe cuál será su funcionamiento ni sus intenciones: a veces, son sólo aficionados que, sin oficio en política, huyen despavoridos cuando se dan cuenta de dónde se han metido. Otras, aguantan con coraje y tratan de mantener programas y proyectos. Y en ocasiones, terminan alquilándose al mejor postor.

Con estos mimbres, y otros, estos días quedarán constituidos los ayuntamientos. Y con estos mimbres, y otros, deberán enfrentarse a uno de los mandatos más duros de su historia, con todos los problemas económicos imaginables y muy poco margen de maniobra para sacar conejos de la chistera.


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