María Isbert ha muerto. En una de sus últimas apariciones públicas, el año 2008, la vimos tremendamente emocionada cuando la Academia del Cine la nombró académica de honor. Entonces manifestó que añoraba el teatro. Ahora el teatro ha comenzado a añorarla a ella.
Cuando preparaba mi libro “Sagas españolas del espectáculo” hablé con ella para intentar confirmar su auténtica edad. Después de afirmar muy seria el año de nacimiento acabó por confesarme que tras la Guerra adujo haber perdido sus documentos y al hacerse los nuevos se quitó dos o tres. Así que puse como año el 1917. No es extraño porque el gran Pepe Isbert y Elena Soriano, contrajeron matrimonio en 1915, en Tarazona de la Mancha, localidad a la que siempre ha estado vinculada la familia. María comenzó a actuar de la mano de su padre de manera anecdótica con solo ocho años. Pero profesionalmente lo hizo el año 1937, debutando con “Nuestra Natacha”. Tras la Guerra actuó en el viejo Maravillas en comedias intrascendentes, como “La educación de los padres” y “Mis simpáticos enemigos”.

Hasta 1945 fue la primera actriz en la compañía de Isbert. Más tarde ella apoyaría a alguno de sus hijos en la carrera artística y en sus vicisitudes personales. A María la retiró temporalmente de la escena su marido, Antonio Spitzer, con el que tuvo ocho hijos. Opinaba el señor que ya tenía bastante con criar a la numerosa prole. Pero la economía familiar no daba para tantas bocas y María se las arregló para llamar a un productor y que éste hiciera la comedia de reclamarla insistentemente ante la imposibilidad de encontrar una actriz de sus características. Y la Isbert volvió para quedarse hasta que las fuerzas físicas le fallaron. Además su esposo falleció en 1973 y María tuvo que convertirse en único sostén de la familia. Su famoso padre había muerto unos años antes, el 28 de noviembre de 1966.
En casi tres cuartos de siglo de carrera, transitó con éxito desde damita joven a actriz de carácter. Entre sus estrenos teatrales se encuentran:
El señor Esteve (1948),
Vaya par de gemelos, Milagro en Londres (1972),
El día que secuestraron al Papa (1973),
Esquina a Velázquez (1975),
El día que se descubrió el pastel (1976),
Guárdame el secreto, Lucas (1976) o
Lo mío es de nacimiento (1978). En las últimas décadas ha sido una de las ancianas imprescindibles en comedias como
Doña Mariquita de mi corazón (1985),
Patatús (1986),
Arsénico y encaje antiguo (1987),
Cartas de mujeres (1988),
Sólo para mujeres (1992) y
Un espíritu burlón (1998).
La última vez que María se subió a un escenario fue en el teatro Reina Victoria, el año 2003, protagonizando “El cianuro ¿solo o con leche?”, que ya había hecho en 1985. Después realizó alguna pequeña aparición en series de televisión y películas, pero siempre suspirando por el teatro. Sobre las tablas destiló su peculiar humor, su extraordinaria eficacia para encajar los chistes en personajes muchas veces absurdos que no le permitieron desarrollar su auténtica capacidad interpretativa.

Como tantos actores, sufrió el encasillamiento en mujeres extranjeras, a las que dotaba de un acento desternillante. Ya en 1941 participaba en las revistas que se montaban en el teatro Maravillas. Después, cuando su padre ya no hacía teatro, se unió a otras figuras, como Paco Martínez Soria. “Milagro en Londres” (1972) supuso un paso adelante en su carrera aunque solo en los últimos años de su vida gozó de la consideración de primera actriz y pudo participar en proyectos más apreciados, como “Cartas de mujeres” (1988), “Solo para mujeres” (1992) o “Un espíritu burlón” (1998).
No tuvo, sin embargo, un gran papel cinematográfico a pesar de que intervino en más de 250 películas. En un escaso número de ellas hacía personajes dramáticos, seguramente porque los directores preferían explotar su vena cómica y su capacidad para el absurdo. Pero en su filmografía figuran títulos fundamentales del cine español:
“Viridiana” (1961);
“El verdugo” (1963);
“El bosque animado” (1987). Y muchas películas populares:
Ella, él y sus millones (1944),
Un hombre de negocios (1945),
Los habitantes de la casa deshabitada (1946),
Sor Intrépida (1952),
Un fantasma llamado amor (1956),
Secretaria para todo (1958),
La casa de la Troya (1959),
La mujer perdida (1966),
Mi marido y sus complejos (1969),
Hay que educar a papá (1971),
Nosotros que fuimos tan felices (1976),
Vaya par de gemelos (1977),
A la pálida luz de la luna (1985),
Amanece, que no es poco (1988),
Yo me bajo en la próxima... (1992),
Los Porretas (1996),
Pecata minuta (1998),
Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero (2001),
Primer y último amor (2002) y
La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2002).
En la última etapa de su vida vio recompensado su trabajo con galardones como la Medalla de Plata de las Bellas Artes. María llevaba varios días ingresada en el Hospital de Villarrobledo de Albacete, donde ha fallecido cuatro días después de cumplir 94 años.