viernes 25 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 07/04/2011 18:41h
Hace más o menos una semana, un amigo se ha mudado a Madrid. Por cuestiones de trabajo, ha dejado su Murcia natal y ha trasladado cuerpo, sueños y algún que otro achaque a esta ciudad. Lo de Yayín es un apodo venido desde Twitter, aunque en realidad su nombre es Jorge. Se ha incorporado a ese montón de gente que viene a Los Madriles para ganarse la vida. No es la primera vez que viene, pero las anteriores tenían más que ver con el turismo, las copas o los amigos que con el hecho de vivir el día a día.
Así que he querido darte la bienvenida con unas letras sobre esta ciudad. Mejor así, que si todo esto te lo dijera de palabra iba a quedar pelín pesao. Además me defiendo mejor con la tecla que con la lengua la mayoría de las veces. Así que allí va:
Bienvenido a Madrid, a la ciudad con la que despertarás a partir de ahora. Espera todo de ella y no esperes nada. Es complicado, pero deberás exigir a la vez que tienes que aprender a dejarte llevar. Espera toda la diversión posible, noches locas donde puede que ni un GPS te sirva para saber donde has acabado comiendo chocolate con churros si empezaste a las 11 al otro lado de la ciudad. Pero no esperes que te regale nada así por así, porque en Madrid cada uno de nosotros debe formar parte de la diversión. Exige que las prisas que verás todas las mañanas no te arrastren con ellas, y acabes esprintando a por ese metro que tan sólo te va a retrasar cinco minutos. Haz que tu vida siempre sea más importante que lo que parece importar. Pero déjate llevar una mañana de sábado en El Retiro, una tarde de jueves por el Barrio de las letras, una vuelta por el Rastro cualquier Domingo. Estira las sobremesas hasta casi empalmarlas con las cenas, y busca reflejos del sol cuando anochece en cualquier plaza del centro. Se tú mismo y deja a Madrid que lo sea.
Madrid se deja meter mano, es golfa y divertida, exhibe nocturnidad y alevosía. Pero es romántica en balcones y en esquinas. Esconde besos de amor en sombras y portales. Dale un verso, agárrala de la cintura de sus calles y baila hasta el amanecer con ella. Madrid es lo que sueñes y por lo que luches. Madrid serás tú. Te dejará cabrearte en los atascos, murmurar en las colas, saltarte un ceda al paso o esconder un buenos días. Permitirá que no mires a nadie y que nadie te mire. Pero te sonreirá si le sonríes, te contará sus cuentos de duquesas bribonas si la escuchas, te mecerá en su viento si la dejas. Madrid nunca te obliga, Madrid está a tu vera.
Busca tus cafés, esos donde el tiempo se pare o donde la gente parezca la de toda la vida. Planta tu bandera en ese banco que pusieron para ti, descubre ese rincón, averigua aquella tienda, haz de tus sueños una agenda. Se un niño en la Plaza Mayor y un adulto en cualquier calle que empiece por Infante. Que te cuenten las historias de los Reyes los palacios y las tabernas te susurren las leyendas de cientos de ojos verdes. Se Rey en el Retiro, plebeyo en Malasaña, banderillero en Las Ventas, tahúr en la Gran Vía, caballero en Arenal, japonés en la Cibeles.
Bienvenido a Madrid, vecino. Bienvenido a tu casa y bienhalladas tus presencias. Madrid serás tú. Llegas a una ciudad imperfecta y bella, taimada y valiente, que te mostrará sus cartas pero no sus mangas. Juega y vive. Disfruta y respeta, concede y aguanta- Ten paciencia con ella y mírala cara a cara. Bienvenido a Madrid, Yayín, amigo.