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Hortaleza se engarza a la capital

Hortaleza se engarza a la capital

martes 30 de noviembre de 2010, 00:00h
El 31 de marzo de 1950 se anexionaron a Madrid los municipios de Canillas y Hortaleza. Mientras el primero fue descuartizado después de que las autoridades del entonces municipio intentaran sin éxito evitar la absorción, el segundo creció como la espuma hasta convertirse en uno de los distritos residenciales de referencia. La construcción  sacó a la gente de las chabolas, las infraviviendas y las cuevas pero también fue la causa de la especulación que les hizo perder sus zonas verdes y sus espacios libres.
Canillas estaba en el cénit de su desarrollo urbano, que venía evolucionando desde 1870, cuando se unió a Madrid. Aportó a la ciudad 25.466 vecinos. Hortaleza, por su parte, apenas había comenzado a crecer: tenía 1.518 habitantes. Al llegar el aviso ministerial de anexión a la ciudad, Canillas encabezó una propuesta para hacer un municipio alternativo junto con Canillejas y Vicálvaro que se llamase 'Las Ventas del Espíritu Santo', aunque su esfuerzo fue infructuoso. El proyecto franquista del Gran Madrid no aceptaba excepciones. De hecho, el Gobierno consideraba ya Canillas y Hortaleza como parte de la capital. De hecho, contabilizaba los enterramientos como propios de Madrid.

También inició el desmantelamiento, reurbanización y saneamiento de algunos de los suburbios que habían crecido en los dos pueblos junto a la carretera de Aragón (San Pascual, La Concepción, El Calero, Pueblo nuevo y Quintana). Hubo expropiaciones de urgencia para construir nuevos bloques de pisos. El resultado fue una realidad de dos alturas: la de las casas bajas que aún recordaban el pasado rural y la de los primeros bloques de tres y cuatro alturas que se levantaron tras la anexión. Unos bloques formados por viviendas baratas y espacio reducido.

Comenzaban a fraguarse los poblados de absorción para los vecinos que vivían en cuevas y chabolas; los dirigidos, para inmigrantes; los nuevos núcleos urbanos, de grado superior a los poblados, y los barrios tipo, de mayor calidad de edificación que los anteriores.

Inercia urbanística
El primer poblado de absorción fue el de Canillas, cerca de la calle Arturo Soria, que promovió la Obra Sindical del Hogar. Acogió a unas 3.000 personas. Eran casas de calidad bastante deficiente. Se suponía que eran provisionales pero derivaron en definitivas. En la zona de San Fernando, al igual que en la de Portugalete, crecieron nuevas promociones privadas junto a la Academia General de la Policía Armada que se erigía sobre la antigua Quinta de El Quinto, y que hoy día acoge un centro especializado del Cuerpo y una comisaría.

La reordenación urbanística de la metrópoli incipiente que era Madrid necesitaba infraestructuras adecuadas de conexión. El Plan Bidagor planteaba la carretera de los Poblados, que uniría el centro con los  poblados satélites incluidos en los municipios anexionados donde se concentraba buena parte de la inmigración que había llegado a la ciudad. Hasta entonces, la conexión más importante que tenía esta zona era  la estación ferroviaria que transportaba mercancías entre el eje del Henares, Chamartín y Pitis. Lo que eran zonas de cultivo y ganadería se vendieron como parcelas para la industria y, sobre todo, para la edificación de viviendas. Comenzaba una inercia urbanística que generaría muchos problemas al distrito, que aún hoy paga las consecuencias.

Domingueros
En 1955, los dos barrios pasaron a formar parte del distrito de Chamartín. En el proceso, Canillas fue objeto de una profunda remodelación y reorganización territorial. Algunas partes de su territorio fueron segregadas e incorporadas a otras unidades administrativas. Los suburbios pasaron a formar parte de Avenida de América; Ciudad Lineal se agregó a Ventas, y otras zonas pasaron a Progreso y Prosperidad. La colonia Parque del Conde de Orgaz fue promovida entre Ciudad Lineal y Avenida de América por la familia Cavero, propietaria de la Compañía Urbanizadora El Coto. Ofrecieron a las élites sociales un estilo de vida alternativo en una urbanización cerrada por un muro, vigilada, con espacios ajardinados, servicios y zonas comunales.

En 1956 se empezaron a construir los poblados dirigidos de Canillas y Manoteras (este con bastante más calidad que el anterior). A pesar de los ambiciosos cálculos que hizo el Estado, apenas construyeron, en 15 años, 2.500 viviendas en bloques colectivos. El Gobierno promovió la autoconstrucción como alternativa al chabolismo. El que aportaba su fuerza de trabajo evitaba pagar la entrada de la casa. Eran conocidos como los 'domingueros' porque era el día en que hacían esta prestación. Por supuesto, sin ningún tipo de medidas de seguridad. El arquitecto Luis Cubillo de Arteaga aportó la parroquia de Nuestra Señora del Tránsito con formas triangulares que querían recordar la Trinidad. Los vecinos se desplazaban a Madrid en el tranvía 70.

José María Julián, miembro de la asociación de vecinos de Portugalete, vive en la zona desde 1960. Recuerda las carencias de luz, agua y alcantarillado que sufría gran parte del distrito. En 1961 llegaron los planes de absorción de chabolas. Franco pretendía construir 1.100 viviendas en Hortaleza para acoger a otras tantas familias de inmigrantes y ciudadanos que vivían aún en cuevas. La UVA de Hortaleza, incluida en el Plan de Urgencia Social, contemplaba una parroquia filial, una guardería, centros educativos y sanitarios, comercios, servicios administrativos, casa de baños, buenos accesos, zonas verdes y alumbrado.  En la práctica muy poco de lo pintado se materializó. Además, la propia orografía del terreno puso en problemas a los arquitectos. Se creó la parroquia de San Martín de Porres en lugar preeminent, se adecuaron algunas zonas verdes y se construyó una red de alcantarillado conectado a la depuradora de Manoteras. Como en las anteriores, estas casas estaban proyectadas para unos años y aún algunas siguen en pie, aunque el desalojo, derribo y realojo está en marcha.

Colonias segregadas
En 1965 cogieron el testigo los promotores privados. En San Fernando se construyó el Liceo de San Francisco y la escuela de educación especial Princesa Sofía.
La Colonia Leonesa crecía como espacio de viviendas unifamiliares. También se inició la Colonia de Pinar del Rey, construida por la Inmobiliaria Hortaleza y formada por bloques abiertos destinados a familias de renta media-alta. Su calidad urbanística y de equipamientos hizo que se extendiera hasta López de Hoyos. A esta colonia le creció el barrio de Pozas como apéndice y en 1966 fue levantado el barrio de San Lorenzo y la urbanización Colombia, barriadas de bloques de cuatro pisos.

 Se llegó así a 1967 cuando surgió la colonia de Virgen del Carmen junto a la estación de Hortaleza. A esta le siguieron los barrios de Orisa, San Miguel y Nuestra Señora del Henar, complejos que disponían de amplias zonas verdes. La colonia de Santa María nació atrapada por sus accesos hasta la construcción de la calle de Santa Susana. También fueron concluidos los proyectos de Piovera y Las Palomas para viviendas unifamiliares. Poco a poco, el territorio se fue segregando en distintos niveles de vida.

En 1970 Hortaleza se convirtió en distrito propio, aglutinando Piovera, Palomas, Valdefuentes, Apóstol Santiago, Pinar del Rey, Canillas y Barajas. La estrategia urbanística municipal se centró en llenar los espacios vacíos con nuevas colonias como Virgen del Cortijo, Virgen de la Esperanza, Residencial El Bosque y la conclusión de la última fase del Conde de Orgaz. Llegaron así el Club Social, los colegios San José del Parque y Nuestra Señora de Santa María, y el Liceo Francés. El distrito se convirtió en espacio de futuro para las clases emergentes que pedían nuevos espacios residenciales.

Ese crecimiento se hizo a costa de zonas verdes y equipamientos. Emergieron poderosas asociaciones vecinales que exigían soluciones. Uno de los hitos más importantes fue el que frenó la transformación de las casas unifamiliares de Portugalete en bloques de pisos, con el apoyo de importantes artistas de la época, que reflejaron su apoyo en murales decorados. La administración tomó cartas en el asunto e impuso un urbanismo más ordenado como el de la colonia Villa Rosa, replanteada ante el conjunto residencial Pryconsa, pero la degradación por las malas prácticas ya se había establecido: segregaciones sociales, chabolas como las de Nazaret y alineaciones de casas en calles intransitables se acumulaban en las zonas más deprimidas.

Murales contra torres
El casco histórico del antiguo pueblo comenzó a remontar el vuelo. En 1968 se restauró la iglesia de Santa Paula, quedando sólo una placa conmemorativa y la pila bautismal. Se procedió a demoler los caseríos supervivientes. En Pinar del Rey surgieron las colonias del Parque de Santa María, la de la Virgen de la Salud y la urbanización Los Alpes. En San Lorenzo se instalaron las fábricas de Vinos Savín y Cristalería Española, junto a los que creció el barrio de Valdefuentes. No obstante, frente a este punto y tras la vía de ferrocarril, se establecieron núcleos marginales como 'La Friscala' y 'El Cerro de los Perros'. En ese suelo se plantearían años después los desarrollos de Las Cárcavas y San Antonio. En 1979 llegó el Metro a Esperanza.

Por desgracia, en los 80 Hortaleza continuó siendo un espacio desestructurado y segregado del resto de la ciudad por sus malos accesos al centro y la deficiente comunicación entre sus propios barrios, a pesar de las líneas de autobús y el Metro. "El transporte ha sido una de las prioridades de todos los gobiernos municipales en el distrito. Era necesario engarzar la zona con el centro porque heredaba muchas deficiencias en este sentido y había una auténtica herida urbana que teníamos que cerrar", explica Elena Sánchez Gallar, actual concejala presidenta de Hortaleza.

El Plan General de Ordenación Urbana de 1985 frenó el crecimiento descontrolado y reordenó zonas verdes, equipamientos sociales, instalaciones deportivas, culturales, centros vecinales y asistenciales. Este programa de actuaciones ya figuraba en los Programas de Atención Inmediata de 1978, en los que participaron asociaciones de vecinos y comerciantes. Se erradicaron chabolas, se promovieron centros de educación pública y privada de EGB, BUP y FP, y se plantearon centros culturales y de mayores. Los vecinos lucharon contra la destrucción del único parque de entidad en la zona; el Pinar del Rey donde se pretendía construir una autopista con la que compensar la desaparición de la vía Cuzco-Barajas. Al final, se cedió al municipio el parque y se construyeron en él un Auditórium, el centro cultural Huerta de la Salud y se trasladó la Junta de distrito al palacete de Villa Rosa. Este pulmón del distrito sobrevivía así, aunque muy mermado.

A cambio, se creó un eje vertebrador llamado Gran Vía de Hortaleza, donde fue levantado el centro comercial Gran Vía de Hortaleza junto a los Paúles, el Comité Olímpico Español y la conexión con la M-40 a través de glorietas. Todo este espacio arremolinaría alrededor nuevas urbanizaciones bien dotadas de infraestructuras. En 1986, Barajas se desgajó de Hortaleza como distrito independiente, dentro de la reorganización territorial de Madrid. Para entonces la ciudad ya estaba planteando la posibilidad de nuevos ensanches con una urbanización basada en las zonas verdes y la vivienda libre. En aplicación de estos planes, en Hortaleza se desarrollaron  las urbanizaciones residenciales en Los Llanos, El Querol y Arroyo del Santo.

Un mirador al futuro
En la revisión del Plan General de 1985 que se hizo en 1992 se estimó la necesidad de rematar el límite norte de la ciudad con un Programa de Actuación Urbanística (PAU). En Hortaleza se proyectó Sanchinarro, un espacio de 3,87 millones de metros cuadrados en un triángulo entre la Nacional I, la M-40 y la avenida de Manuel Azaña. El Ayuntamiento apostó en el nuevo PAU por la vivienda protegida de calidad y los equipamientos. Así surgieron edificios de arquitectos de primera línea como el Mirador de Sanchinarro (Maas-Van Rijs-de Vries-Lleó) y dotaciones como el Colegio de Nuestra Señora de la Asunción, Santa Catalina y la Residencia de Estudios Santa María de la Paz.

En la zona también está prevista la construcción del parque forestal de Valdebebas, actualmente en construcción.  Junto a éste se ha abierto el parque de Juan Pablo II. En 1998 se amplió la línea 4 de Metro hasta el Parque de Santa María. La plaza del Mar de Cristal pasó a convertirse  en el nudo de comunicaciones al acaparar una línea de Metro exprés al aeropuerto, que fracasó con el tiempo, y el autobús que llevaba al hospital Ramón y Cajal. Luego el suburbano llegó mucho más allá a la espera de que el Cercanías pare en Hortaleza en su camino desde Chamartín al aeropuerto de Barajas.

Hortaleza hoy día tiene más de 175.000 vecinos, de los que un 12,81 por ciento son extranjeros, principalmente, franceses y rumanos. Según José María Julián, ya cubiertas las necesidades urgentes, queda ampliar el número de equipamientos y aportar operaciones de ciudad como una mejor conexión al hospital, el cierre del anillo de Cercanías o la red de carriles bici. "También es necesario proteger nuestro patrimonio verde. Valdebebas es sólo parte de la promesa que nos hicieron de otra Casa de Campo en el Norte que ha ido reduciéndose poco a poco", asegura. Elena Sánchez Gallar afirrma, por su parte, que los nuevos retos de la gestión pública en Hortaleza pasan, no tanto por la reordenación urbanística, sino por la social. "Hay que hacer la vida de los vecinos más adecuada. Eso significa más servicios públicos para una población que ha luchado muchísimo porque su entorno haya llegado a ser lo que es hoy".
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