domingo 03 de octubre de 2010, 00:00h
Actualizado: 11/10/2010 17:22h
A lo largo de esta campaña de primarias, convertida de hecho en una precampaña electoral, asistimos primero a la entrada arrolladora de Trinidad Jiménez, al posterior aguante de Tomás Gómez y a la sorprendente vitalidad de ambos candidatos puesta de manifiesto en sus agendas diarias con agrupaciones y militantes.
Algunos medios de comunicación, empeñados en darle otra dimensión al proceso, pedían un debate entre ambos e insistían una y otra vez en el daño que le podía hacer a José Luis Rodríguez Zapatero la posible derrota de su 'protegida'. Prácticamente venían a decir:: si Trini pierde, el partido habrá dejado de apoyar a su secretario general. De hecho, seguro que a partir de este lunes, podremos leer muchos comentarios en este sentido.
Frente a ello, los candidatos aseguraban que no tenía sentido debatir pues ambos defendían el mismo programa, tenían una sola bandera y buscaban un mismo objetivo: derrotar a Esperanza Aguirre. También intentaban convencer a cuantos les preguntaban de que Ferraz -donde está situada la Ejecutiva Federal del PSOE- no tenía por qué sufrir las consecuencias de unas primarias.
Sin embargo, mientras los periodistas buscábamos el enfrenatamiento y la 'sangre', parecía pasar desapercibido el auténtico efecto de unas primarias. Un candidato que hace dos meses era prácticamente un desconocido para la mayor parte de los madrileños -a pesar de haber sido en su día el alcalde con máyor porcentaje de votos de toda España y haber ganado en unas primarias su puesto como secretario general del PSM- alcanzaba, día a día, mayor popularidad hasta lograr en los últimos sondeos el mismo grado de conocimiento que su contrincante a pesar de que ésta había partido con un mayor grado de popularidad.
Sé que Trinidad Jiménez ha competido de corazón y que cuando dos horas después del cierre de las agrupaciones reconocía con la voz quebrada el triunfo de Tomás Gómez y le brindaba su apoyo para convertirlo en el próximo presidente de la Comunidad, lo hacía con total sinceridad. Pero no dejo de preguntarme si el 'aparato' del partido, ese mismo que en teoría la había puesto de candidata, estaría, de verdad, compungido. Al fin y al cabo, al igual que a los grandes corredores les ponen una 'liebre' para que agote al pelotón y deje luego paso al vencedor, no me resultaría extraño que alguna mente pensante del PSOE hubiera decidido que si salía Trini bien, pero que, de no hacerlo, por lo menos habría puesto a Gómez en una posición mucho más adelantada para optar a la presidencia de la Comunidad.
Claro que para poner en marcha una 'Operación liebre' es preciso que el corredor al que ayuda tenga la suficiente fuerza para correr un sprint y, en este sentido, las primarias han permitido descubrir realmente el 'animal político' que lleva Gómez dentro. No sólo se opuso a tirar por la borda los tres años dedicados a prepararse sino que además ha demostrado que su labor al frente del PSM estaba respaldada por la mayoría de los militantes socialistas.
Esta campaña de primarias buscaba dejar constancia de que el PSOE estaba dispuesto a poner toda la carne en el asador para acabar con 15 años de gobierno del PP. A la vista del resultado parace que lo han conseguido. En la plaza de Callao, donde está la sede del PSM, muchos de quienes hace dos meses estaban resignados a volver a perder las elecciones del próximo mes de mayo, aseguraban, convendidos, que "hay partido" y que "ahora sí se puede ganar".