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Crítica teatral.- Glorious: La delirante diva

Crítica teatral.- Glorious: La delirante diva

miércoles 29 de septiembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 01/10/2010 10:45h
Florence Foster Jenkins existió realmente. Murió en Nueva York en el año 1944, un mes después de ofrecer un delirante recital operístico en el Carnegie Hall, abarrotado de curiosos. Y es que Florence se empeñó en cantar a pesar de no tener la mínima cualidad. Pero, como sí tenía dinero, lo invirtió en una carrera descabellada. 'Glorious, a peor cantante del mundo', nos la presenta en escena.
Peter Quilter se interesó por este personaje y escribió la comedia 'Glorious', estrenada en el Reino Unido en el año 2005. La versión castellana, dirigida por Yllana, se puede ver en el Pequeño Teatro Gran Vía. El autor crea un narrador, el pianista, que nos introduce en el mundo de la diva desastrosa. Además de la cantante, hay otra mujer que se multiplica en su amiga íntima, una melómana enfurecida o una criada dominante. Los tres rememoran algunos episodios de la carrera de Florence Foster.

Cantar mal

Llum Barrera vuelve a la escena madrileña dando vida a la peor cantante del mundo. Y lo hace componiendo una mujer arrolladora, apasionada por cumplir su sueño y alejada de la realidad. Una loca de atar, para que nos entendamos. El esfuerzo de la actriz es extenuante porque, además, tiene que cantar algunas arias conocidas. Y tiene que hacerlo rematadamente mal. Seguramente el espectador no caerá en la cuenta de lo difícil que resultar cantar tan mal. Es mucho más complicado no poner una nota en su sitio que afinar y cantar bien. Llum protagoniza momentos delirantes, como la habanera de Carmen, auténtico desmadre con la complicidad del público. También está afortunada en la grabación de su disco, que nos remite a las secuencias más hilarantes de 'Cantando bajo la lluvia'.

Junto a ella, Ángel Ruiz y Alejandra Jiménez-Cascón. El primero, como pianista y confidente de la diva, está arrollador. Su comicidad gestual es el contrapunto perfecto al derroche de energía de la cantante. Ángel, que ha triunfado en musicales como 'Los productores', es lo que siempre se ha denominado un todoterreno. Además tiene en su currículo el musical más disparatado y divertido de la moderna historia teatral: El hundimiento del Titanic. En 'Glorious' recuerda muchos momentos del arte mudo de Buster Keaton, la cara de palo de la pantalla. Y Alejandra Jiménez, en sus tres cometidos está impecable y, frecuentemente, brillante. Es una sorpresa de este montaje.

No es el escenario del Pequeño Gran Vía el más idóneo para que este trabajo pueda mostrarse con todo rigor. Las dimensiones obligan a encajar toda la escenografía y atrezzo, restando espacio para que los actores puedan desenvolverse cómodamente. Momentos como el glorioso recital en el Carnegie requerían una mayor profundidad para destacar la figura de la actriz-cantante. Pero parece que no hay teatros libres por estas fechas.
El público ríe desde el primer encuentro pianista-cantante. Su alborozo crece en los descacharrantes momentos musicales y al final se entrega al ímprobo trabajo de los tres actores. Si les gusta la ópera, disfrutarán con Glorious. Si la odian, lo pasarán mucho mejor.
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