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Introducción a la geología de Madrid

Introducción a la geología de Madrid

sábado 18 de septiembre de 2010, 00:00h
Una historia muy antigua
La sierra de Madrid forma parte del Sistema Central, en la franja noroeste del territorio de la Comunidad. El sustrato geológico de esta zona está formado por rocas muy diversas (plutónicas, metamórficas y sedimentarias) caracterizadas por su gran antigüedad (Paleozoico y Mesozoico). Las rocas más antiguas son los gneises y esquistos (azul en la figura), rocas metamórficas que en algunos casos pueden superar los 500 millones de años transcurridos desde su formación original. Les siguen en antigüedad las pizarras y cuarcitas del norte de la Comunidad (verde oscuro en la figura), rocas sedimentarias originalmente depositadas en el fondo de un océano en el Ordovícico, cuando la Península Ibérica formaba parte del supercontinente Gondwana. Los granitos de la sierra (rosa en la figura) son rocas plutónicas que se formaron durante la llamada orogenia varisca, en el Carbonífero, época en que se formaron relieves que obligaron al mar a retroceder. Las montañas formadas durante esta orogenia se fueron erosionando durante más de 200 millones de años hasta que en el Cretácico la zona central de la Península Ibérica (Madrid y Segovia) volvió a quedar cubierta por el mar. Durante algunos millones de años (casi hasta el final del Cretácico) se formaron arenas, calizas y dolomías en las costas y mares tropicales de entonces. Las extensas capas que se depositaron en el fondo del mar en el Cretácico superior, fueron después plegadas y fracturadas, y hoy podemos ver algunos restos de estas rocas en pequeñas franjas adosadas a los relieves principales (verde claro en la figura). Formación de montaña.

El movimiento continuo de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre, y las colisiones entre esas placas, han dado lugar a las cordilleras montañosas. De ahí el nombre de orogenia, que significa origen del relieve, génesis de montañas. Las actuales alineaciones montañosas de la Península Ibérica -entre ellas el Sistema Central- se formaron durante la orogenia alpina, que comenzó a finales del Cretácico, hace unos 80 millones de años. En la Península Ibérica, la orogenia alpina se debió a una doble colisión: por un lado de la placa ibérica con la placa euroasiática para dar lugar a los Pirineos y la Cordillera Ibérica, y por otro la colisión de la placa ibérica con la africana para dar lugar a las Cordilleras Béticas y al Sistema Central. Otra consecuencia de la orogenia alpina -ya en el Plioceno, hace unos 5 millones de años- fue el basculamiento (inclinación) gradual de la placa ibérica hacia el oeste, hacia el Océano Atlántico, de tal forma que las cuencas sedimentarias del interior de la península que hasta entonces eran endorreicas (Duero y Tajo) empezaron a "vaciarse" hacia el oeste, comenzando el drenaje de las cuencas hidrográficas para dar lugar a la configuración que vemos actualmente. Durante la orogenia alpina no sólo se formaron cordilleras, sino que, al mismo tiempo, según se iban formando los nuevos relieves, se iban erosionando. Los torrentes que entonces, igual que ahora, bajaban de las montañas del Sistema Central, arrastraban el sedimento, y más abajo se iban rellenando las zonas bajas con los materiales arrastrados. De esta forma, durante el Mioceno se formó una gran cubeta rellenada con los sedimentos procedentes de los sistemas montañosos que la rodeaban. En aquella época el clima era más cálido y húmedo que el actual, y los grandes cursos fluviales formaban extensos abanicos aluviales con los materiales que transportaban: los de mayor tamaño (gravas y arenas) se quedaban más cerca del área fuente, y los más finos (limos y arcillas) llegaban a las zonas lacustres, colmatándolas gradualmente. Los compuestos que iban en disolución en el agua también llegaron a los lagos, y son los que dieron lugar a las sales y evaporitas, llamadas así porque precipitan cuando su concentración aumenta al evaporarse las aguas.

La cuenca de Madrid
Aproximadamente dos tercios de la Comunidad de Madrid forman parte de esta amplia cubeta sedimentaria que los geólogos llaman la Cuenca de Madrid, limitada al norte y oeste por el Sistema Central (Gredos, Guadarrama, Somosierra), al este por la Sierra de Altomira, y al sur por los Montes de Toledo. La misma ciudad de Madrid se encuentra inmersa en esta vasta depresión tectónica que estuvo recibiendo sedimentos de los relieves circundantes durante millones de años. Toda la zona centro y sureste de la Comunidad pertenece a la Cuenca de Madrid, y en ella podemos encontrar dos grandes grupos de formaciones geológicas. El primer grupo, el más antiguo, lo forman los sedimentos predominantemente aluviales y lacustres depositados durante el Terciario, cuando esta cuenca estaba cerrada y sin salida al mar (cuenca endorreica). El segundo grupo de materiales, los más recientes, está formado por sedimentos predominantemente fluviales depositados durante el Cuaternario, cuando el río Tajo ya había alcanzado la cuenca de Madrid debido a su erosión remontante, y el agua y los sedimentos de esta cuenca se iban al Océano Atlántico (cuenca exorreica), igual que lo hacen actualmente, dando lugar a las morfologías que ahora vemos.

El sustrato de la franja central de la Comunidad de Madrid está formado por arcosas y conglomerados del Mioceno (ocre en la figura), originalmente depositados en abanicos aluviales procedentes de los relieves de la sierra. En el tercio sureste de la Comunidad destacan los yesos y calizas depositados en lagos por la evaporación del agua, y las arcillas y limos depositados también en los lagos pero por decantación (caída lenta) del sedimento que llegaba en suspensión en el agua de los ríos (amarillo y naranja en la figura). Entre las formaciones fluviales del Cuaternario -mucho más recientes a escala geológica- destacan las gravas de relleno de los canales fluviales, y los limos y arenas de las llanuras de inundación fluvial.

El paisaje actual

La red hidrográfica que podemos ver actualmente, con sus sucesivas terrazas y sus valles fluviales, se formó a partir del Plioceno, desde hace unos tres millones de años. Esta red discurre en su mayor parte por los valles que se excavaron en los materiales del Terciario que se habían depositado hasta entonces. Todo este proceso de erosión en laderas y montañas, transportando los materiales por los valles fluviales hacia el mar, se viene desarrollando desde el Plioceno y durante el Cuaternario hasta nuestros días. Los procesos geológicos permanecen hoy igual de activos que hace millones de años. Mirando a nuestro alrededor, interpretando el paisaje, y las rocas y sedimentos que forman su sustrato, podemos comprender la historia geológica de la Comunidad de Madrid.
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