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Maquinaria y comunicación

Maquinaria y comunicación

Por Mara Colás Amor
lunes 30 de agosto de 2010, 00:00h
Nuevo mes... empieza un nuevo curso, la vuelta al cole en todos los campos. Parecía que septiembre quedaba tan lejano,  y ya esta aquí el comienzo de nueva temporada.
Las fábricas de odio y acero están afilando sus dientes y armas, se están contratando expertos en imagen, asesores a mansalva, constructores de aspectos y falsedad, vendedores de humo; toda la maquinaria de manipulación ya está en marcha.
Derroche sin fin y más dinero gastado.
Buscan la frase, el eslogan, la foto, el desliz del contrario. Todos contra todos... los compañeros de filas se atacan y los rivales se besan lanzándose halagos incomprensibles entre futuribles alcaldes...
Tendremos primarias, y después secundarias y más tarde terciarias y llegarán en mayo las definitivas; tendremos guerra sucia y feas acusaciones e intentarán que estemos todos politizados las 24 horas del día;  que perdamos pie y que nos confundan los chaparrones verbales.

¿Y cuándo algunos se darán cuenta que eso les perjudica de que los excesos se pagan?
¿Cuándo aceptaran que la confianza y fiabilidad en un político se sostiene en la persona que lleva dentro, en su pasión, motivación y veracidad personal, en su poder de transmitir ilusión y confianza, en su honradez personal, más que en una imagen prefabricada al estilo americano?
Queremos políticos que huelan a persona, que cuiden de su electorado, que nos protejan y que huelan a verdad.

No pienso dejarme llevar.

Estaremos mirando la vida de Madrid desde donde nos toque, estaremos esperando mejoras y milagros, sentido común y mas honestidad; miraremos Madrid con la mirada puesta en un futuro mejor, donde los políticos que nos manejan todo hagan bien su trabajo, aquel que se les encomendó; no estos ambiciosos deshumanizados en lucha encarnizada por su cuota de poder.

Si no... siempre nos quedara Cuacos de Yuste, precioso lugar antaño de ermitaños, en Cáceres, donde Felipe II hizo construir para su padre, el  emperador Carlos V,  por su localización especial de quietud y belleza, un monasterio donde retirarse hasta el final de sus días.
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