Experiencia positiva veranear en Madrid, no sólo porque el número de coches es mucho menor que durante el resto del año sino también porque se puede llegar al éxtasis de la tranquilidad haciendo uso de las fiestas de la capital y paseando por zonas como
Lavapiés para alegrar el espíritu disfrutando de los que, como yo, vivimos un agosto caluroso pero generoso en esta región tan alterada políticamente durante demasiados meses al año.
Las terrazas de
Vallecas han sido otros de los lugares de refresco nocturno a los que he recurrido cuando la tranquilidad del verano requería de algo de agitación para alcanzar el equilibrio, al que llegué poco a poco después de decidir pasar de meterme en el cuerpo información política y centrarme en otras "drogas" más sanas como el buen vino o las lecturas de libros apasionantes. Así ha trascurrido mi veraneo, alejado de lo oficial y cercano a lo mundano.
De pronto, un día cualquiera cercano a la vuelta al trabajo, recibo una invitación apasionante pero extraña. Me proponen acudir a una
oficina del paro para ver en directo cómo se gestiona el mayor problema de España: el desempleo.
Me levanto a la 9 de la mañana, es decir, madrugo, y acompaño a dos jóvenes recién entrados en la franja de edad de los 30, uno licenciado en Historia y ella pedagoga, y a eso de las 10 me siento a la espera de que los que me invitaron a esta nueva aventura resuelvan sus asuntos. Ellos, sabedores de que había pasado de leer periódicos, me obsequiaron con recortes de prensa sobre las
primarias del PSM entre
Trinidad Jiménez y
Tomás Gómez para decidir quién se enfrentará a Esperanza Aguirre en las elecciones autonómicas de 2011. Yo respondí, ante tanta generosidad, que con eso tenía para leer una semana.
Iluso de mí, todavía no sabía que permanecería sentado horas y horas y que me empaparía de la batalla socialista para hacerse con el título de candidato oficial a la
Presidencia de la Comunidad de Madrid. A eso de las 11 ya no daban número para hacer gestiones y los que llegaban se iban por donde había venido con la esperanza de que mañana fuese mejor día. Salimos después de la 3 de la tarde y mientras tanto me enteré de que Trini y Tomás buscan apoyos hasta en las norias y de las quejas de los parados. Hablaban pestes de las nuevos requisititos para cobrar los
426 euros mensuales que dan a los parados sin ayudas económicas de ningún tipo. Se extrañaban de que nadie se extrañase de la escasa cuantía de la misma, sobre todo la clase política y los llamados agentes sociales, y de que ahora se propongan nuevos requisitos para seguir cobrando el subsidio de desempleo aquellos que están entre los beneficiarios. El que rechace un trabajo o un cursillo de formación perderá la prestación. En este apartado, comentaban que esa medida es lógica si el sentido común estuviese presente.
Qué hay que hacer cuando ofrecen a una persona licenciada un curso de
soplador de vidrio, dice un parado a otro mientras todos pasamos un grato día en este oficina del paro. Otro responde explicando que de los cursos se puede sacar formación, pero también
beneficio por parte de los que los ofrecen con ayudas públicas. Conocí que un chico fue despedido de su empresa durante unos días para poder acceder a un curso que llevaba aparejado el acceso a un empleo. Dio el curso y luego fue contratado por los mismos que le despidieron y que se llevaron subvenciones de todo tipo por formar, crear empleo y no sé cuantas medallas más.
Cuando ya estábamos a punto de salir de hacer gestiones, una de las personas que me había invitado a ver la realidad, sin intermediarios ni traductores que interpretan lo visto y vivido, me preguntó si me había leído la marcha de las primarias del PSM. Mi respuesta fue afirmativa. Entonces repreguntó:
¿Y qué piensan Trini y Tomás de todo esto de los parados?