
El barrio de Valverde está delimitado por la carretera de Colmenar, la M-30 y la avenida de Burgos. En su interior se incluyen los poblados A y B de Fuencarral, el poblado dirigido, el casco antiguo y la zona de Santa Ana, donde se ubica el metro de Fuencarral. Hay diferencias entre las zonas, pues el casco antiguo fue un pueblo hasta los años 50 y mantiene gran parte de esa esencia, con casas bajas y calles estrechas, mientras en las otras zonas se crearon muchas viviendas de protección pública para gente de la capital en edificios de cinco alturas.

"Yo estoy encantada con vivir aquí, porque es una zona muy tranquila pero estamos a menos de diez minutos de la Plaza de Castilla" explica María Dolores Martínez. La zona tiene unos 25.000 habitantes, según los vecinos, y su pertenencia a Madrid capital le ha venido bien "porque se han incrementado los servicios". "No hay mucha gente, y se mantiene la sensación de pueblo, porque es muy fácil comunicarse con los vecinos".

Guadalupe Romaleda, por su parte, destaca que en este barrio "hay una calidad de vida impresionante" porque "hay mucho contacto con los vecinos, vas a comprar el pan y te tiras un rato hablando con el tendero". Además, en general, "no hay prácticamente problemas de inseguridad" ni otros problemas que afectan al resto de la capital. En opinión de Romaleda, "lo que sí falta es alguna alternativa de ocio para los jóvenes, porque no tienen donde divertirse y se tienen que ir a otros sitios", dice esta vecina que tiene hijos en el colegio concertado de Fuencarral.

"Este barrio es muy interesante para tener un comercio", explica Juan Lorenzo Sánchez, que trabaja como dependiente en una carnicería de la Galería Comercial Valverde. "Es bueno porque conozco a la mayoría de mis clientes y eso viene muy bien para el negocio, porque se crea un vínculo entre el comerciante y los clientes". Sánchez echa en falta más jóvenes para continuar el negocio, ya que gran parte de la clientela es mayor. En su opinión, el problema más importante para los comerciantes es la falta de aparcamientos de la zona, ya que hay zona SER que impide a los vecinos parar y realizar las compras tranquilamente. "Haría falta crear un aparcamiento público". No hay, sin embargo, problemas de inseguridad en los comercios.
Carencias de comercios y diversión
"Uno de los problemas de la zona es la falta de pequeño comercio, que no cubre todas las necesidades de la gente", se queja Antonio González, presidente de la asociación vecinal La Unión de Fuencarral. María Dolores Martínez, por su parte, cree que sería más necesario tener un centro comercial en la zona, porque tanto para ir al cine como para muchas compras hay que desplazarse al centro comercial de La Vaguada -el más cercano- o bien a la zona de Bravo Murillo.

Otro problema es la falta de alternativas de ocio. "Este barrio es muy tranquilo, y eso está bien, pero por la noche parece que está muerto, porque no hay nada abierto, ni bares ni pubs", explica Lucía de la Fuente, una joven que viven en el poblado dirigido de Fuencarral. "Esto hace que la gente joven se vaya del barrio, porque aquí no se puede salir ni tener alternativas de ocio, y normalmente tenemos que ir a La Vaguada. Antes había cines e incluso discotecas, pero ahora no hay nada", señala. Tal vez la situación mejore en algo cuando entre en funcionamiento el centro de juventud que construye el Ayuntamiento en la zona, y que gestionarán los propios vecinos a través de la asociación de vecinos.

En materia de equipamientos públicos, los mayores problemas se concentran en la sanidad. El barrio sólo cuenta con un centro de especialidades, en un edificio infrautilizado, y no cubre todas las necesidades de la zona, por lo que hace falta otro. Hay además un colegio público de primaria y dos concertados de primaria y secundaria. "Falta un centro público de secundaria y es muy necesaria una escuela infantil pública", explica Antonio González.
Cuentan también con un centro de día para ancianos y un centro de mayores, pero éste es muy antiguo y "absolutamente insuficiente", por lo que creen necesario construir uno nuevo. El antiguo Ayuntamiento, por su parte, ha pasado a ser un centro cultural, aunque también se queda pequeño para las necesidades del barrio. "En general, faltan equipamientos en esta zona, y vamos a pedir que se construyan en todos los solares públicos que quedan".

No hay, sin embargo, grandes problemas como ocurre con otras zonas de la capital. "Esta zona es una de las que menos inmigrantes tiene de la capital, porque viven muchos vecinos que han pasado aquí su vida, aunque porcentualmente es el lugar en el que más está aumentando". El precio de la vivienda, por su parte, es bastante más barato que en el resto de Madrid, y no hay infravivienda. Tampoco existen problemas de inseguridad, aunque sí de menudeo de drogas, en la zona de Santa Ana.
Un desarrollo tranquilo
Los vecinos confirman que la zona tiene algo muy positivo, y es que no se ha producido un desarrollo exagerado del barrio, por lo que se sigue mantiendo una idiosincrasia de pueblo. "Aquí no hay grandes calles con mucha circulación, sino pequeños viales, lo que da una sensación de tranquilidad y de poco movimiento. Es un barrio muy barrio", comenta Antonio González. En cuanto a transporte, está bien comunicado con la línea 10 de Metro y con autobuses hacia la zona de Cuatro Caminos.
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Uno de los temas de los que más se ha hablado últimamente en la zona han sido los parquímetros. "En general, la mayor parte de los vecinos están en contra de su instalación, porque no los consideran necesarios", dice el presidente de la asociación vecinal. "Al casco antiguo de Fuencarral sólo vienen los vecinos de la zona, no suele venir casi nadie de fuera y no hay problemas de aparcamiento, por eso no hacen falta". Lo que sí sería interesante, comenta, sería "un aparcamiento disuasorio para que los que vengan del norte de Madrid puedan dejar sus vehículos y coger el metro".

El presidente de la asociación vecinal apunta, en lo negativo, que este barrio está en un enclave que puede tener problemas en unos años por los desarrollos urbanísticos del norte . "La ampliación de la Castellana puede producir un grave deterioro de la situación del barrio, porque al meterle una vía de ese calado en un extremo del barrio, y tener en el otro extremo la carretera de Colmenar, también importante, puede generar unos flujos de tránsitos importantes, y el barrio no está acondicionado para esa situación".
En opinión de Antonio González, hasta ahora no había problemas, porque esto quedaba un poco aparte de todo, es decir, la zona se mantenía como una isla. "Pero cuando se haga la ampliación de la Castellana, será otra cosa, porque crecerá el flujo de vehículos y puede generar un problema importante, y ése es el miedo de los vecinos". Según González, "lo que habría que garantizar es que puedan acceder al resto de la ciudad sin pasar por aquí".
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