Estremece pensar que las palabras que ahora se oyen en el escenario del teatro Español sonaron en el mismo sitio hace 99 años. Ha pasado un siglo y sólo el teatro permanece allí, como hace más de cuatrocientos años. Parafraseando a Fray Luis: Decíamos ayer…
Por lo menos es la tercera vez que la Electra de Pérez Galdós se representa en el Español. Su estreno absoluto, la noche del 30 de enero de 1901, causó la conmoción general en la intelectualidad madrileña. Volvieron a representarla Manrique Gil y Carmen Robles en 1929 y, finalmente, en 1937, Monserrat Blanch con el gran Manuel González. Tres épocas convulsas para España pero, a la vez, muy ricas artística e intelectualmente. Han tenido que pasar tres cuartos de siglos para que este drama vuelva a su escenario original. Ahora podremos estudiara qué provocó la polémica a principio del siglo pasado.

Francisco Nieva ha hecho una adaptación del texto galdosiano, aligerando seguramente pasajes literarios fuera de contexto. Ha dejado el enfrentamiento de poderes, la tremenda crítica a la dictadura religiosa, las bofetadas a los millonarios que ven crecer sentados sus fortunas, intentando comprar el Paraíso a golpe de talonario. Y, como desencadenante del drama, la joven Electra. Desde la primera escena el director nos deja claro que la niña es un pelele en manos de los hombres que la rodean. Afortunadamente no despeja el final real.

A Electra le persigue el fantasma de su madre, una casquivana arrepentida, corrompida por los mismos hombres que pretenden a la hija. Y, por encima de todo, la religión queriendo imponerse sobre todos los poderes. Pero Electra quiere ser libre, trabajar, casarse por amor. Veinte años antes que Galdós, en 1879, Ibsen había roto el arquetipo de la mujer en el teatro con el celebérrimo portazo de Nora en Casa de muñecas. Aquí el aldabonazo lo dio don Benito “El garbancero”. Apunta situaciones que otros autores recuperarían más tarde. Electra quiere trabajar, ganarse la vida, pero no puede porque es una señorita. Mihura, en 1955, estrenó Sublime decisión, una comedia en la que Florita, una joven de principio de siglo, estremece a su entorno familiar y social cuando decide trabajar.

Ferrán Madico, el director de este montaje, apuesta por el tenebrismo, tanto en la escenografía como en los trajes, francamente feos. Sólo unas tenues proyecciones insinúan los ambientes. Logra momentos de gran belleza plástica, como las últimas escenas en el convento, excelentemente iluminadas. Por lo demás, adolece este montaje de algunas bajadas de ritmo que hacen zozobrar el drama. Pero se salvan por el empeño de los actores y porque el texto, de pronto, ofrece una tensión dialéctica francamente interesante. Especial mención para Sara Casasnovas como Electra, con un salvajismo que contrasta con las maneras antiguas de sus compañeros de reparto.
El director introduce varias veces una especie de coreografía procesional, un tanto reiterativa, y una gestualidad, una mímica, que no añaden nada a la acción y sí distrae de la propuesta general del espectáculo.
Las dos horas de representación se pasan bien. Hay que acercarse a esta propuesta, que estará en el Español hasta el 20 de junio, como quien va a un museo. Así disfrutará de una excelente pieza dramática. Y les sugerimos que hagan un ejercicio de abstracción para trasladarse al Madrid de 1901 y pensar cómo recibirían los espectadores burgueses, monárquicos y católicos esta diatriba de Don Benito.