Sigue el sopor y aburrimiento táurico. Hasta el punto de que, ya con el habitual fracaso ganadero y al margen de un estoconazo de Eugenio de Mora a su segundo, lo más noticioso fue que el catalán Serafín Marín hiciera el paseíllo en plan reivindicativo con la señera a guisa de capote y la barretina cual montera (división de opiniones).
Valor a raudales el de
Serafín Marín en esta decimoquinta de abono -y, quitando la actuación del único triunfador de verdad del abono,
Rafaelillo, y el encierro de
Dolores Aguirre con el que lo logró, ¡no ha pasado nada!-, mas no porque se inmolara ante los bicornes de su lote, quia. Sino por reivindicar que cesen los ataques a la tauromaquia en su su Cataluña natal, haciendo el paseíllo con la señera y la barretina.
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Un gesto que, al principio, sólo comprendieron los aficionados dabuten, con su ovación, mientras que el resto del sorprendido público permaneció en silencio o sacó lo peor del nacionalismo -en este caso español o madrileño- y le chifló con fuerza. Algunos de éstos, informados por los primeros, cesaron algo en sus pitos al deshacerse la formación y otros continuaron con sus rabiosos insultos y no olé.
Pero, ay, si los espectáculos que brindan los manejadores y/o manipuladores de la Fiesta día sí y día también son como el de este jueves, el resto del ciclo -con la excepción mencionada- y la mayoría de las tardes de la temporada, poco o nada van a interesar estas aburridísimas funciones. Poco o nada vamos a recriminar a sus enemigos nacionalistas catalanes.
Fábrica de mulos con cuernos
Porque los taurinos -manejadores y/o manipuladores de la otrora emocionante Fiesta se han cargado la sacrosanta base fundamental, el auténtico protagonista: el toro. Y hasta la antes encastada divisa de Ibán -¿dónde están los genes de la línea Contreras? ¿dónde están los sucesores del glorioso Bastonito?- es ahora una fábrica de mulos con cuernos.

Con la excepción, y tampoco mucho, no crean, del segundo, que conservó un punto de codicia y con el que el propio Marín se lució en dos breves tandas de naturales hasta que el toro se apagó y él también, el resto eran un sumatorio de descastamiento y no olé.
Así que entre esta cuestión nada baladí y una terna vulgar, tristona y posmoderna -sin cargar la suerte, citando al hilo, sin imaginación, competencia o recursos-, el festejo careció de interés. Y ni el catalán, ni el manchego
Eugenio de Mora -eso sí con un extraordinario espadazo a su segundo, candidato a premio- ni el colombiano
Luis Bolívar fueron capaces de levantar el sopor.
Da por irse a Cataluña para no aguantar estas tardes. O al cine o al teatro o a pasear por el Retiro o...
Ficha del festejo
Toros de
BALTASAR IBÁN: desiguales de presentación, con 3º y 5º anovillados y 6º de gran trapío; descastados excepto 2º, nobles y justos de fuerza.
EUGENIO DE MORA: ovación tras aviso; palmas.
SERAFÍN MARÍN: ovación; silencio.
LUIS BOLÍVAR: silencio; silencio tras aviso. Plaza de Las Ventas, 20 de mayo. 15ª de feria. Lleno.