Un interesante encierro de los 'doloresaguirre' nos trajo a San Isidro las dos caras de la Fiesta: triunfo de un Rafaelillo extraordinario como lidiador y artista y drama de Joselillo, corneado de gravedad por el último de la tarde. Ni una cosa ni otra para un Fernando Cruz desdibujado.
La tarde transcurría plena de interés porque en el ruedo habían pasado cosas, merced a una corrida de toros, lo que no debería ser noticia, sino lo normal, pero tras los desastres ganaderos anteriores, sí lo era. El público había sentido estremecerse las fibras sensibles con una gran actuación de Rafaelillo, el más artista de los lidiadores -¿el más lidiador de los artistas?-. Y en eso llegó el grave y espectacular percance de Joselillo, que sintió el pitón en sus enrtrañas, y nos fuimos todos con el corazón apretado y sensación agridulce.
Tampoco es que los 'condesos' de Dolores Aguirre, poco aparatosos y escasamente rematados, fueran un dechado de virtudes, pero tuvieron movilidad y comportamiento variado, aunque, eso sí, pidiendo el carnet de profesionales a los coletudos. Y estosa procuraron entregárselo cada uno a su manera, destacando Rafaelillo, muy por encima de sus dos compañeros y de sus bicornes.
No sorprendió su técnica lidiadora, desde el pirmer capotazo hasta el último
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muletazo en el encastado y fiero que abrió función, no sorprendió porque semejante catadura la tiene más que demostrada. Mitad látigo, mitad caricia, pero siempre dominando al burel a base de temple y ligazón, Rafaelillo le extrajo ortodoxos y lucidos pases por ambos pitones y lo despenó de un espadazo.
Faena de oreja para casi todos los presentes menos para uno, no el más importante -quiá-, pero sí el más decisivo: el usía. Muñoz Infante, que así le llaman -bueno, en los tendidos le lanzaron epítetos insultantes varios-, es reincidente, pues ya en 2009 le hizo lo propio al valentísimo murcianico, que sufre manía persecutoria de este comisario, quien además regaló un trofeo en el festejo incial a Curro Díaz con menos mñeritos y pañuelos. Pero sí sorprendió Rafaelillo en el cuarto, con poca casta, pero noble y repetidor, porque bordó el toreo artístico con empaque, gusto y donosura. La misma ortodoxia que frente a su anterior enemigo, pero gustándose mucho, adornada ahora con derroche de clase, bastante arte y un punto de torera chulería. Esta vez la espada quedó fea y el premio se redujo a una oreja de muchos quilates y olé.
Parecía que Joselillo iba a tener también premio en el inicio de la faena al tercero, manso de libro y pésimamente lidiado, pero la labor del madrileño, como su enemigo, se fue apagando poco a poco. Peor fue lo del peligroso sexto, que desarrolló sentido y convirtió sus embestidas en un saldo de gañafones, en uno de los cuales lo cazó, lo volteó espectacularmente y se ensañó con él en el suelo hriéndole de gravedad.
Entre ambos compañeros de terna anduvo por allí un Fernando Cruz muy voluntarioso pero a la par muy espeso con el manso pero manejable segundo, que le desbordó. Y también frente al de Peña, con el que acabó aburriéndose el coletudo, y aburriendo al público, en una faena tan larga como insulsa.
Ficha de la corrida
Toros de DOLORES AGUIRRE, justos de presencia excepto el peligroso 6º, mansos y de juego desigual, destacando el encastado 1º. 5º, de FERNANDO PEÑA, con trapío y manejable. RAFAELILLO: vuelta con petición tras aviso; oreja con petición de la segunda. FERNANDO CRUZ: silencio tras aviso; silencio. JOSELILLO:silencio;silencio tras aviso en el 6º, que le cogió. Sufre una herida de 20 centímetros en el tercio superior de la cara interna del muslo derecho que contusiona el nervio ciático. También sufre una contusión en el hombro derecho. Pronóstico grave. Plaza de LasVentas, 9 de mayo. Lleno.