lunes 22 de marzo de 2010, 00:00h
Actualizado: 29/03/2010 14:29h
Sin falda almidoná ni nardos cerca, pero con el deseo de oler a lo que solían oler las violetas, me paseo puntual cada domingo por la calle de Alcalá, en los alrededores del gran jardín donde la diosa Cibeles desearía estar, bajarse de su carro a sentir de cerca la primavera en ese pulmón que es el Retiro, ahora tan poco retirado del ruidoso trafico que lo acosa sin tregua hasta que cae la noche y recupera silencios; antaño tal vez cobijo de los monjes recoletos.. quizá lugares que vivieron historias secretas que nunca nadie conocerá; recuerdos de paseos y miradas de gentes del foro, enamorados de sus castaños, paseos, bancos, fuentes o simplemente del maravilloso entorno; esa imponente puerta de Alcalá. Altiva señorial e indiferente al tiempo, centrada en su plaza de la Independencia, que no es poco.
Asusta pensar en su edad y la buena pinta que tiene siempre, con disparos que conserva como cicatrices de heridas pasadas que nos recuerdan el precio de la libertad, el precio de ser herederos de esta ciudad única. Madrid es mas que un sitio por donde pasar, ni es solo un puerto donde arribar. Es la esencia de lo que construyeron y nos dejaron valerosos ciudadanos, a golpe de serenos, lecherías, tahonas y cafetitos con el periódico del domingo.
Frente al que fue el café de correos, ahora malvestido con mallas, cual hortera bacaladera, está y miro la casa Correos, ahora bautizada como palacio de Cibeles, como si ella, que le da la espalda, pudiese entrar en el...
Y vuelve en Domingo el sol a Madrid en la calle Alcalá, y como níscalos tras las lluvia, aparecen millares de personas de todo estilo, formas y calados. Grupos de jovencitas riendo y empujando a cuantos se cruzan en su camino, parejas extrañas con indumentaria demasiado veraniega para aguantar el clima de nuestra ciudad, habituales de plano en mano con cara de felicidad ¡porque están en el sitio que han visto desde sus mundos lejanos, movidos por afición blanca, o simplemente por sonidos de guitarras y clases de español!. Veo familias paseando carritos de bebe y montones de emigrantes de diferentes tallas ropajes y colores..
Miro Madrid y miro belleza. Miro las caras de las personas con quienes me cruzo y nadie mira nada ni a nadie. Desconocemos el bellezon que habita en cada rincón de esta gran ciudad, de la misma manera que ignoramos el arte de esa pintura que decora silenciosa la entrada de la fundación o el banco X... Mira bien Madrid y observa su piel, su halo, arañazos y cambios... Yo veo Madrid y me siento bien; agradecida de haber nacido aquí. Mi ciudad es capital del reino y reina de mi corazón.