Madrileños por el tercer mundo
martes 19 de enero de 2010, 00:00h
Actualizado: 26/01/2010 17:21h
Hay un sentimiento básico para describir lo que deben sentir los madrileños por el desempeño de sus sanitarios y profesionales de emergencias de todo tipo en estos días inciertos en Haití. Y ese sentimiento es el orgullo. Orgullo de tener a un puñado de madrileños jugándose la vida en la otra parte del mundo para ayudar a personas que han tenido la mala suerte de nacer en el lugar equivocado con los recursos equivocados. Orgullo de sentir que por muy necesario que pueda ser pasar consulta en el primer mundo hay profesionales que se van más allá del tercero para arrimar el hombro. Arrimarlo hasta que se lo partan si es necesario.
Cada catástrofe humanitaria es una muesca más en cada una de las culatas particulares de estos médicos, enfermeras, bomberos o policías. Pero cada una de estas muescas nos demuestra también que hay muchas maneras de sentirse madrileños por el mundo: una de estas maneras es la que vemos en el programa de Telemadrid con el que semana a semana descubrimos que esta región ya no se acaba en Aranjuez o en Somosierra. Y otra manera es esta de la ayuda humanitaria que consiste en pasear el nombre de una ciudad y una región en una zona destrozada y que se ha querido tragar la tierra. Aunque viendo los resultados a veces parece más bien un eructo por lo obsceno y pornográfico de tanto dolor, siempre innecesario, pero encima cobarde.
Ver una camiseta con el nombre de Madrid, un chaleco amarillo, un casco de bombero o una pegatina en un vehículo debe hacernos pensar que nosotros también estamos allí. Debemos sentir, que en la distancia y a 7.000 kilómetros, estamos ayudando a quien más lo necesita. Y luego si quieren, den algo, donen o muestren su apoyo. Pero de momento lo que necesitan todos estos sanitarios, bomberos y demás efectivos es saber y sentir que tenemos un enorme orgullo de que estén allí representándonos a todos. Es la mejor manera que tenemos de agradecerles su esfuerzo y sus noches sin descanso. Ya lo hacen aquí, siempre, pero a veces lo hacen allí.
Mi más sincero agradecimiento a todos los profesionales que desde el día en el que la tierra se abrió por la mitad decidieron liarse la manta a la cabeza y cruzar el charco para ayudar. Deben hacernos sentir orgullosos. Así que sólo un enorme, tranquilo y sereno “gracias