La lluvia ha dado un respiro este martes en Madrid y no ha deslucido la Cabalgata de los Reyes Magos, a la que han acudido miles de personas. La paz, la multiculturalidad y el centenario de la Gran Vía centraron el desfile.
Luz, color, acrobacias y mucha imaginación. Así fue la Cabalgata de Reyes de este año, que estuvo dedicada a la paz. De esta manera, el Ayuntamiento se sumó al Año Internacional de Acercamiento de las Culturas proclamado por Naciones Unidas. Jirafas africanas, dragones chinos o músicos de jazz llevaron a los madrileños, apretados y subidos incluso a escaleras traídas desde casa, a diversos rincones del mundo.
.jpg)
El escuadrón ecuestre de la Policía Municipal de Madrid, que iba escoltando el desfile, anunciaba la llegada de la Cabalgata, encabezada por la 'Dama de la Paz'. Vestida de blanco y suspendida por 300 globos de helio, bailó lentamente en el aire ante los ojos iluminados de los niños.
Tras esta alegoría, 15 jirafas gigantes, en representación de África, avanzaban con sus largas patas. A continuación, aparecieron las carrozas de empresas y asociaciones, como la de los carteros reales; la del Corte Inglés; la del Banco Santander, en la que los niños iban vestidos con trajes tradicionales de otras culturas; la del Zoo de Madrid, con unos osos panda muy animados; o la de la Fundación Síndrome de Down, que desfilaba por primera vez.
La vuelta al mundo
Después, el protragonismo recayó sobre Phileas Fogg, el protagonista de la novela 'La Vuelta al Mundo en 80 Días', de Julio Verne, que mostró a los madrileños cómo es el resto del mundo, pero empezando por la Gran Vía, que cumple 100 años. Para celebrarlo, una carroza evocó cómo era esta céntrica calle a principios de siglo, con sus edificios más emblemáticos, y los coches, anuncios y carteles de la época.
El viaje de Fogg continuó por Bombay, con un grupo de música hindú y un elefante gigante mecánico; Hong-Kong, ciudad que dedicó a los espectadores una danza del dragón; Yokohama, con sus pagodas, sus geishas y samurais; el Mississipi, por el que circularon barcos de vapor; Nueva York o Londres. Mientras los espectadores de la Castellana daban la vuelta al mundo, la gente apostada en Cibeles pudo disfrutar de un espectáculo acrobático.
Los Reyes Magos traerán trabajo
Para simbolizar este llamamiento a la paz y también de acercamiento de las distintas culturas, Melchor y Baltasar aparecieron encaramados a sendas bandadas de palomas sobre nubes azules; y Gaspar, situando entre los dos anteriores, iba subido a lomos de una paloma gigante. Curiosamente, Melchor, Gaspar y Baltasar tenían cierto parecido este año con los concejales del Ayuntamiento de Madrid Manuel Cobo, Ángel Lara y Gabriel Calle, respectivamente.
Las carrozas de los Reyes Magos brillaron en la noche madrileña con 800.000 bombillas LED. Desde ellas, los Reyes repartieron 1.000 kilos de caramelos -sin glutén- a lo largo del recorrido, que abarcó desde Nuevos Ministerios hasta Cibeles. Además, los niños de Madrid pudieron disfrutar de toneladas de gominolas, caramelos, dulces y juguetes que llovían desde el resto de carrozas.

Una vez que los Reyes Magos llegaron a la plaza de Cibeles y fueron recibidos por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, Melchor leyó un mensaje traído desde el lejano Oriente en el que recordó que "hay familias con muchas dificultades" y que trabajarán para que haya "trabajo para todos". Además, el Rey Mago pidió a los niños que sean agradecidos con sus familias que "hacen todo lo posible y lo imposible" para que no les falte de nada. Para terminar, un espectáculo de fuegos artificiales iluminó el cielo de Madrid.