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Carlos Alba Tercedor, catedrático de la Universidad Autónoma

"Quiero crear un observatorio de democracia local"

Fue un chico de provincias, de una ciudad intelectualmente importante, Granada, y dicen los que le conocieron que era un buen estudiante. Carlos Alba se licenció en Derecho y pronto comenzó a interesarse por las relaciones entre la ciudadanía y el poder político.
A finales de los 60, estudió como los ciudadanos internacionalizaban los valores políticos en la sociedad de la II República. Teniendo en mente a Aristóteles, “lo que quieras hacer en el Estado, hazlo en la escuela”, Alba se centró en el sistema educativo de la II República como una agencia de socialización política. Como resultado, se publicó años después un libro basado en su tesis, El Florido Pensil, de Andrés Sopeña Monsalve, obra llevada al cine y al teatro.

Este investigador guarda una relación muy estrecha con las universidades americanas, a las que admira y de las que guarda más que un grato recuerdo. “En la universidad de Oxford descubrí todo un mundo académico, y comprobé por primera vez lo que era una buena biblioteca”. Becado por la Fundación March, emprendió su viaje hacia la Universidad de Yale, donde completaría su segundo doctorado. “Tuve profesores de muy alto nivel y me di cuenta de lo que suponía una universidad realmente importante, con gente importante y con un despliegue de medios espectacular. Cada semana acogían a un personaje público, desde el presidente de Italia hasta el jefe de la oposición de Nigeria”, nos cuenta Alba.

El profesor recuerda que en cierta ocasión tuvo que estudiar las políticas educativas en la China de Mao Tse Tung. “Yo  no sabía chino,  y menos mal que la universidad tenía en microfilm todos los periódicos chinos en versión inglesa traducidos por el consulado de EE.UU. en Hong Kong. De hecho, en la biblioteca, con seis millones de volúmenes, se recibían diariamente 600 periódicos de toda Asia”. Ya sabemos que las comparaciones son odiosas, pero Alba quiso contarnos que cuando llegó a la universidad de Córdoba en 1981 y le enseñaron la biblioteca comentó “Me esperaba menos”, a lo que su acompañante le respondió “Los libros de derecho político son sólo la fila de arriba”. 

En el año 1979, el profesor decidió opositar a cátedra, momento en que fue consciente de la importancia de una buena conexión política. Efectivamente, no tuvo éxito en esta convocatoria, así que regresó a Princetown para trabajar. Allí recibió un telegrama de sus colegas: el destino le brindaba una segunda oportunidad para lograr esa cátedra. Y esta vez sí. El profesor opositó y logró una plaza en la Universidad de La Laguna, en Tenerife.

Tras su paso por la universidad de Córdoba, a principios de los ochenta, Francisco Murillo, su maestro y persona de gran relevancia en la vida académica e intelectual española, amigo y compañero de Pio Cavanillas, se convirtió en director del Centro de Estudios Constitucionales coincidiendo con el nombramiento de éste último como ministro. Así, Carlos Alba dejó sus clases en la Escudería cordobesa para ser subdirector del mismo centro junto a su mentor. Allí estuvo hasta 1985, fecha en que consigue su cátedra en la Universidad Autónoma de Madrid, puesto desde el que hoy recibe a madri+d para charlar sobre su trayectoria académica y visión de la ciencia política.

El profesor del Príncipe
No sólo la ciencia política une al Príncipe y a Carlos Alba. Éste último ha participado en su formación activamente, tanto cuando estudiaba en el colegio Rosales, donde le enseñó la Constitución y transición española, hasta su paso por la universidad Autónoma de Madrid y Georgetown. “Me invitaron a formar una cátedra de estudios españoles en esta universidad, hoy Cátedra Príncipe de Asturias. Gracias a esto, España tiene un chalé en Miami de por vida”, asegura.

Dentro del currículo de este especialista destaca su participación en la Asociación española de Ciencia Política, de la que fue fundador y presidente, así como su aportación como miembro del comité ejecutivo de la International Political Science Association (IPSA). Hoy forma parte del comité ejecutivo del European Consortium for Political Research, donde es responsable de una actividad que involucra a Madrid y que intenta abordar los temas más importantes que preocupan a la sociedad. “Más de la mitad de los ciudadanos del mundo viven en grandes ciudades, que cada vez se están expandiendo más.

La red metropolitana de la Comunidad de Madrid va mucho más allá de la región; ciudadanos de pueblos de Toledo o Guadalajara vienen a trabajar a Madrid. Esto no es un fenómeno exclusivo de Madrid, lo que planteó en todo el mundo el programa Como gobernar las metrópolis”, nos explica Alba. El profesor nos cuenta que en el mundo de las organizaciones locales lo normal es que exista una relación entre el lugar donde los ciudadanos pagan sus impuestos y el lugar donde reciben sus servicios. Pero, ¿qué ocurre cuando los dos lugares son diferentes? Es lo que los economistas conocen como el fenómeno de la externalización. Carlos Alba dirige el proyecto de la CAM sobre democracia local, que intenta dibujar la relación entre los poderes locales y los ciudadanos.

Alba y su equipo invierten su tiempo en 4 líneas de trabajo diferentes, aunque estrechamente relacionadas. Además de las áreas metropolitanas y el análisis comparativo de las americanas con las europeas, el grupo se dedica a estudiar la administración pública, concretamente las reformas de la administración pública en España y la relación entre la administración y la vida política. Además, el grupo se ha centrado en los sistemas políticos locales, trabajando en las reformas de los gobiernos locales en España. El profesor apunta que “los gobiernos locales son sistemas políticos por sí mismos. Estamos ante un sistema cuasifederal en el que no se ha producido la segunda ola de la descentralización, es decir, las comunidades autónomas no quieren saber nada de otorgar poder a los ayuntamientos. Aquí estaría la clave del futuro”. En este sentido, se embarcaron en un proyecto para confeccionar un libro ya publicado, “El alcalde de Europa”, donde entrevistaron a todos los alcaldes europeos.

La última línea de investigación tiene mucho que ver con el proyecto de la CAM que comentaba anteriormente el profesor. Aprobado en 2007 y con un presupuesto de 200.000 euros para cuatro años, el grupo está ahora realizando encuestas a todos los concejales de los ayuntamientos de Madrid. “Mi idea es hacer un consorcio de ayuntamientos y crear un Observatorio de la Democracia Local, que vigile la evolución de estas relaciones entre ciudadanos y gobiernos locales”, nos cuenta.  Pero, además de la investigación en sí, ser director de un proyecto conlleva una parte negativa para Carlos Alba. “Soy el responsable de la dirección de todos los investigadores, de la red externa de colaboradores, de la red internacional, de la asistencia a congresos…Un mundo que te obliga a trabajos extras permanentes”.

El investigador se queja de que la universidad se ha burocratizado demasiado, “estamos todo el día haciendo papeles y no tengo secretaria ni gabinete. Me bombardean diariamente  candidatos de distintas países del mundo que conocen el programa. La universidad no tiene la infraestructura preparada de una manera tanta sofisticada para hacer frente a esa complejidad. Por apuntar un ejemplo, existe mucha información que debe circular en inglés y aquí no hay personal subalterno que maneje este idioma”, se queja, pero a la vez deja claro que cualquier tiempo pasado no fue mejor en la universidad española. “Hoy es mucho mejor, los profesores son más competentes y los alumnos más exigentes. Ha habido un cambio cualitativo importante”.

Esto no supone que Carlos Alba apruebe la educación española, de hecho,  asegura que un país importante es aquel que tiene un sistema educativo muy consolidado y ese  no es España. “Hemos sido un país de una gran fortuna histórica gracias a nuestras élites y a nuestros reyes y  hemos hecho una importante transición, estudiada hoy como modelo en otros países. Pero no se puede vivir de la transición, sino de los retos que tenemos que ir solventando. Quizás no hemos tenido una actitud lo suficientemente rigurosa en el análisis de las situaciones, ni lo suficientemente madura como para solventarlas, y seguimos sin hacerlo. No estoy de acuerdo con lo que dicen las élites políticas de que España es un país muy robusto, es mucho más frágil de lo que creemos”.

Alba cree que aunque hemos construido un sistema político descentralizado muy potente y que está altamente valorada por la población, sería muy importante hacer una reflexión sobre si España puede realmente financiar una situación de este calibre. En este sentido, recuerda que en la lista de las 100 universidades más importantes del mundo no aparece ninguna española. Asegura que no son fáciles las soluciones, ya que hay mucha implicación política en el sistema educativo, y que la reforma pasa por lograr más competencia, estar más conectada con la realidad del país, alcanzar una mayor globalización del conocimiento universal y lograr una universidad meritocrática, aunque no clasista.  “El éxito en el futuro de este país llegará cuando el sistema educativo se haga de primer nivel”, sentencia.
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