martes 24 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 26/11/2009 20:39h
Las luces navideñas ya están colgadas en la mayoría de las principales calles madrileñas; hay árboles luminosos en las plazas, y adornos con bombillas en torno a la Cibeles o en los arcos de la Puerta de Alcalá. El próximo viernes se encienden. Y con ellas, se "inaugura" la Navidad, un año más en noviembre. Las luces cuestan un ojo de la cara, y suponen un gasto en energía eléctrica importante -aunque año tras año se vayan sustituyendo las bombillas tradicionales por lámparas tipo led, mucho más económicas-. Por eso, y porque este año la palabra crisis no se nos cae de la boca en ningún momento, las autoridades municipales han optado por una solución que al menos da impresión de austeridad: cortarlas una hora antes en determinadas fechas, para ahorrar gasto. No han querido seguir en Madrid lo que propuso el PSOE y que sí van a hacer en otros ayuntamientos de color socialista en su gobierno: no encenderlas hasta el 15 de diciembre, más cerca de las fechas tradicionales de la Navidad.
El encendido y colocación de las luces no es ninguna tontería: los comercios saben que a más iluminación, más tendencia a comprar. Debe ser algo así como el experimento de Paulov pero con lamparillas de colores; algo se nos enciende en la cabeza y nos impulsa a aflojar la mosca cuando escuchamos las campanillas, los villancicos y vemos los abetos iluminados. Cierto que el equipo de Ruiz-Gallardón, desde que llegó al Ayuntamiento, apostó por el cambio y la ruptura con lo tradicional también en esto, con lo que los acebos y el espumillón se vieron sustituidos por apuestas estéticas mucho más atrevidas -en la mente de todos están aún las "croquetas" iluminadas del primer año. Que, por cierto, a mi particularmente me gustaron mucho-.
Bien está fomentar el consumo ahora que está por los suelos. Pero ¡ojo! Salimos de un agujero económico en el que nos hemos metido, entre otras cosas, por una vorágine de consumo exagerado; tal vez haya llegado la hora de buscar otros modelos.
Navidad no es lo mismo que compras compulsivas, aunque parezcan a veces dos patas de una misma actividad. Hay otras formas de vivirla, con regalos y con excesos gastronómicos incluso, pero con moderación. Tal vez la buena lección que podamos extraer de la crisis sea justamente esa. Y si tiene que ser con menos luces, pues tampoco pasa nada.