Estamos asistiendo, durante semanas, a luchas intestinas dentro del Partido Popular en Madrid y también a nivel nacional. Lo uno conlleva lo otro. Y siempre aparece el nombre de la Presidenta del Gobierno Regional, Esperanza Aguirre. ¿por qué será?
La “lideresa”, como así la llaman algunos en su partido, y entre determinados ámbitos madrileños, consiguió gobernar la Comunidad de Madrid, en 2003, tras una operación más que turbia denominada “tamayazo” que imposibilitó conformar gobierno a las fuerzas de izquierda y de progreso de nuestra Comunidad. Una vez conseguido ese primer objetivo Aguirre se hizo más de hierro y amordazó la libertad de expresión y pluralismo en la televisión pública madrileña, haciendo de Telemadrid una auténtica “caja de propaganda”, ha obviado durante años el diálogo social entre los agentes económicos y sociales, a los que hay que añadir, en los últimos meses, algunos asuntos, de dudosa reputación, que tiene encima de la mesa y que todavía están por desarrollarse como “el caso Gurtel” o el caso de los espías (ambos la afectan directamente por estar presuntamente implicados consejeros de su propio Gobierno). Y, para colmo, quiere el control más absoluto de la cuarta entidad financiera de nuestro país, para lo cual está haciendo encaje de bolillos con el apoyo o no (la verdad es que no se sabe bien) del Partido Socialista de Madrid y de otras fuerzas políticas o sociales.
Pero a todo esto habría que añadir el amago de alternativa que la propia Esperanza Aguirre estuvo a punto de presentar frente a Mariano Rajoy en el último Congreso Nacional celebrado en junio de 2008. Si alguien pensó que la Presidenta de la Comunidad de Madrid –ambiciosa hasta más no poder- se iba a retirar de por vida a sus cuarteles de invierno estaba muy equivocado.
¿Por qué ahora se vuelve a reproducir una batalla larvada por el Partido Popular a nivel nacional y que se visualiza en Madrid?
La respuesta, desde mi punto de vista, es bien sencilla. Ante el avance en las encuestas que permiten observar, por vez primera, que el Partido Popular vencería en intención de voto directo si ahora se celebrasen elecciones generales, y por el deterioro que Rodríguez Zapatero y su gobierno está teniendo por una nefasta gestión de la crisis económica (entre otros motivos), es ahora cuando las huestes de la “derechona” mas arcaica, que representa Aguirre, Aznar y todo lo que huele a FAES, vuelven a la carga para controlar el partido y un posible futuro gobierno de España, y para eso necesitan ganarle el pulso al “timorato” Rajoy.
Es evidente, que en el Partido Popular habita una derecha extrema que cercena los derechos de los trabajadores y las trabajadoras cuando ha tenido ocasión de gobernar nuestro país, que el único interés real es utilizar la vida pública no para servir al ciudadano sino “presuntamente” servirse de los ciudadanos, y no les importa utilizar cualquier mecanismo para poder conseguir su objetivo.
Es curioso que en la Comunidad de Madrid se esté hablando más de los enfrentamientos entre “familias” dentro del Partido Popular que de los 483.700 parados que hay en nuestra región (según la Encuesta de Población Activa). ¿qué está haciendo Aguirre como Presidenta del Gobierno Regional para apoyar a esas familias que han engrosado las cifras del paro?, ¿por qué sigue habiendo más de 17.800 dependientes en Madrid que no reciben ningún tipo de prestación?, ¿qué hace Gallardón por posibilitar que las personas con discapacidad puedan moverse por la ciudad de Madrid sin barreras y que tengan una mayor calidad de vida?, ¿por qué se sube la presión fiscal de los madrileños con la tasa de basura, a pesar de una creciente oposición a la medida?, ¿no les importa que siga habiendo una extensa lista de espera quirúrgica en los hospitales madrileños?, ¿ alguien en la batalla de Caja Madrid ha pensado en los 14.000 trabajadores o en los clientes de la Entidad y como puede afectar a estos el estar permanentemente en los medios de comunicación por temas ajenos a la estrategia de la propia Caja?, etc.
En definitiva, a los madrileños y a las madrileñas nos interesan temas mucho más “terrenales” que los que se dirimen en las esferas de los grandes partidos políticos. Todos debemos ser conscientes que nos estamos jugando la credibilidad del propio sistema democrático, y lo que últimamente está apareciendo en los medios informativos poco o nada favorece a tal objetivo.
Nuestro país necesita líderes políticos que transmitan confianza, tengan credibilidad, aporten soluciones a los problemas del conjunto de la sociedad, y que estén por un proyecto de vida para el conjunto de los ciudadanos, y en este momento poco o nada alentador e ilusionante veo a mi alrededor, ni en España ni en nuestra Comunidad. A veces esto tan sencillo en las cúpulas de las organizaciones no lo entienden y estiman que el “líder” más conveniente es aquel que dice sí a todo. Confunden ser “leal” (desde la crítica) con ser “seguidista”. Allá ellos, tarde o temprano el ciudadano les pone en su sitio.