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Un pésimo Talavante y un regular Uceda desaprovechan un buen encierro

Un pésimo Talavante y un regular Uceda desaprovechan un buen encierro

Por Emilio Martínez / DC
jueves 04 de junio de 2009, 00:00h
Para un encierro con posibilidades, aunque flojo, eso sí, que salta a la pasarela venteña después de tanto descastado, resulta que dos de los coletudos lo desaprovechan de forma desigual. Uno, Alejandro Talavante, con un petardazo; otro, Uceda Leal, con detalles pero sin redondear faenas, aunque luciéndose con dos estoconazos.
El otro componente de la terna, Daniel Luque, revelación del ciclo isidril, tuvo peor fortuna con su lote. El tercero -negro chorreado listón y bragado- era un inválido que nada le permitió. Al colorado que cerró festejo, rebrincado, sin fijeza y con cierto genio, lo muleteó con valor y decisión sufriendo una espectacular voltereta por fortuna sin más consecuencias que el susto y un puntazo.

Pero lo de Talavante, que lleva ya 12 bicornes 'destoreados' ya este año en la Monumental, es de juzgado de guardia: triste, meditabundo en la pose, e incoloro, inodoro e insípido en la lidia, no se acopló con el también colorado segundo, y anduvo fatal con el negro chorreado que hizo quinto y que le desbordó, siendo abroncado -el coletudo, se entiende-.

Quite de peligro
Pero es justo y necesario destacar que en una ocasión fue ovacionadísimo... en un quite al sexto a la salida de un entregadísimo par de banderillas del subalterno Raúl Caricol cuando éste cayó y quedó a merced del bicho. Entonces apareció el capote salvador de Talavante y restallaron las palmas en su honor.

El delito de Uceda es menor que el de Talavante. O mayor, según se mire. Porque con su clase y empaque realizó dos faenas de cierta relevancia al mejor lote del encierro, dos bureles castaños que embestían humilladísimos cual el más arrepentido pecador y a los que se les caían las orejas.

Pero el madrileño, que los despenó de dos extraordinarios espadazos marca de la casa, se conformó con series cortas, de clasicismo y ortdoxia, sí, pero en ningún momento se arrebató, se 'macizó' ni le echó la pasión ni gallardía necesaria para descerrojar la Puerta Grande. Él sabrá.
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