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Oreja de mucho valor para Bolívar

Oreja de mucho valor para Bolívar

Por Miguel Ángel de Andrés
miércoles 13 de mayo de 2009, 00:00h
El matador colombiano Luis Bolívar salvó la séptima jornada de San Isidro con una merecida oreja ante el sexto toro de la tarde, de la ganadería de Las Ramblas.
El remiendo ganadero, con otros del Marqués de Domecq, por no haber pasado el reconocimiento tres del hierro anunciado de las Rablas, estaban dando un aburrido resultado, hasta que en el último capítulo Luis Bolivar plantó cara, con torería y agallas  a un enrazado ejemplar de las Ramblas.

Tras lancearle con el capote, ganado los terrenos hacia los medios, al rematar la serie, el toro le prendió volteándole. Era un primer aviso de no le iba a poner las cosas fáciles, y si quería poderle había que poner algo más que voluntad.

Con la muleta Bolivar se fue directamente a los medios y citó de lejos aguantando la arrancada; siguió con tandas templadas con la mano derecha; pero al rematar la segunda con un cambio de mano, le prendió a la altura de la rodilla.

Los subalternos le hicieron un torniquete y volvió a la cara del toro para instrumentar una faena, principalmente con la derecha en la que destacó el temple y la distancia. Mató de estocada y tras recoger la oreja concedida,  pasó a la enfermería. El toro fue aplaudido en el arrastre.

Había cambiado el signo hastiado de la tarde. En el que hizo tercero, su actuación fue más desangelada, con muchos enganchones y toreo a media altura, mató mal y se silencio su labor.

Más voluntad que acierto
El Fandi se mostró más voluntarioso que acertado. Con las banderillas, su hacer, más bullicioso que ortodoxo le predispuso contra gran parte del público. En su primero la faena de muleta fue mediocre y exceso de precaución; mató mal silenciándose su labor.

En el que hizo quinto, comenzó el último tercio con coraje, citando de lejos rodillas en tierra, pero la faena, con la mano diestra, fue de más a menos, al mismo ritmo que se apagaban las embestidas del toro. Mató de estocada y descabello y escuchó palmas.

Juan Bautista estuvo muy soso y no paso de aseado, En el primero tras matar de estocada y descabello, se silenció su labor. Al enrazado cuarto no supo darle la distancia que le pedía y aunque consiguió algunos muletazos con buen temple,  no paso de discreto. Obtuvo silencio tras matar de media y descabello.
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