Los rayos del sol volverán a reflejarse este verano en el galvanizado de los dos molinos de viento que le dan nombre al parque madrileño de la Quinta de los Molinos. Comienza ahora la restauración de estos aerogeneradores que llegaron en 1920 desde Estados Unidos a esta antigua finca.
Los dos aerogeneradores con los que se extraía agua de pozos para el riego de esta quinta famosa por sus 1.400 almendros son como los que rompen el cielo de las estepas cerealistas norteamericanas. Vinieron de Estados Unidos a principios de siglo y ahora se acometerá su rehabilitación para que vuelvan a recuperar el esplendor perdido con el tiempo.

La reparación consistirá, por una parte, en pintar las estructuras metálicas y galvanizar de nuevo las aspas, antes plateadas, de estos gigantes. Así, volverán a presentar el aspecto radiante que tuvieron en su origen y a reflejar la luz mientras giran. Por otra parte, se reponerán las piezas que faltan o están estropeadas para que funcionen como en un principio. También se recuperará la rosaleda y la pérgola que los rodean.
Gracias a la fuerza del viento, los molinos de la Casa del Reloj y de la Rosaleda de Palacio extraían agua de pozos. Sin embargo, pese a que en tres meses volverán a funcionar correctamente no será posible que sean útiles para el riego, ya que el nivel freático descendió con la urbanización de los alrededores de la quinta, situada en Suances, en el distrito madrileño de San Blas.
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El sistema de riego se completaba con conductos, fuentes, albercas y estanques que distribuían el agua por toda la quinta, en la que los protagonistas son sus almendros, que por estas fechas están en flor y ofrecen una inesperada estampa de la ciudad.
"Probablemente muchos madrileños no saben que pueden venir a ver los almendros en flor en pleno centro de Madrid", afirmó la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella, durante el acto de presentación de la restauración de los molinos, que costará 125.000 euros financiados a través de un convenio con Caja Madrid.
Además, de los campos de almendros, el parque, declarado histórico en 1997, también tiene unos jardines creados por el arquitecto César Cort Batí, quien en la década de los veinte compró la finca al Conde de Torre Arias y levantó también un palacete, que hoy está gestionado por la Fundación Magistralia.
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Más tarde, a finales de los setenta, el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con los herederos de Cort, por el que 21 hectáreas de la finca se conviertieron en un espacio público a cambio de destinar unos terrenos a uso residencial. Desde entonces, los madrileños pueden disfrutar del espectáculo natural de la floración de los almendros que cada año recuerda que el invierno está próximo a su fin.