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Según la SEO es una amenaza para las aves autóctonas y transmite enfermedades

La población de cotorra argentina sigue creciendo y sólo en la Casa de Campo hay ya más de 100 nidos

La población de cotorra argentina sigue creciendo y sólo en la Casa de Campo hay ya más de 100 nidos

viernes 16 de marzo de 2007, 00:00h
Del centenar de cotorras en todo Madrid al centenar de nidos sólo en la Casa de Campo. Y es que la población de esta especie, considerada 'invasora', sigue creciendo sin control en los parques y jardines de la ciudad. La Sociedad Española de Ornitología asegura que es una amenaza para las aves autóctonas, transmite enfermedades y es una fuente de molestias y suciedad.

Se las puede ver campando a sus anchas por los parques de Madrid, en bandadas cada vez más numerosas. A las cotorras argentinas se las empezó a ver a mediados de los ochenta y, un decenio después, ya había más de un centenar. Ahora, sólo en la Casa de Campo, los veterinarios y técnicos del centro de recuperación de cigüeñas han contabilizado un centenar de nidos, a los que hay que sumar los del Parque del Oeste, el Club de Campo, el Capricho o el Retiro. Incluso en algunos de ellos las cotorras se dejan ver junto a las palomas de ciudad comiendo las migas de pan que ofrecen los paseantes.

Estas aves de pecho gris que han llenado los parques escapando o siendo liberadas de sus jaulas domésticas, no son originarias de la Península Ibérica, ni siquiera de Europa, sino del hemisferio sur. Según Ana Íñigo, de Seo BirdLife, constituyen "una verdadera amenaza" para las especies autóctonas al tratarse de un pájaro  "agresivo y con gran capacidad colonizadora, que compite por el espacio y por alimento". Pero además, en la Sociedad Española de Ornitología consideran a la cotorra como una vía de transmisión de enfermedades contra las que ni aves autóctonas ni personas están inmunizadas.

Un nido de cotorra"En muchas ocasiones acostumbra a predar sobre nidos y pollos de las especies más débiles -explica esta experta- y causa otras molestias como el ruido o la suciedad que originan". A ello se añade la peligrosidad de uno voluminosos niños que, en ciertos casos, los empleados de la Casa de Campo tienen que desmontar por riesgo a que caigan sobre los paseantes.

Ana Íñigo se lamenta de que las soluciones sean escasas y llama la atención sobre las administraciones para que tomen medidas como frenar su introducción en España, prohibir su comercialización y tenencia y, por tanto, su cría en cautividad. En cuanto a las que ya están instaladas, "deberían gestionarse tratando de que no sigan en aumento, con posibles erradicaciones parciales".

 

 

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