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El 'sinhogarismo'

El 'sinhogarismo'

lunes 02 de marzo de 2009, 00:00h
Nunca valoraremos lo suficiente el trabajo de nuestros políticos. No solo se ocupan de gestionar de forma eficaz nuestros impuestos; también lo hacen de la forma más notoria posible, para que sepamos lo acertados que estuvimos al haberlos 'colocado' donde están con nuestros votos y no nos olvidemos de volver a hacerlo cuando llegue el momento. Lo que resulta fascinante es la creatividad y el empeño que ponen en esta tarea comunicativa, llegando a inventarse un término nuevo casi cada día para enriquecer, de paso, nuestro patrimonio lingüístico.

Por ejemplo, para evitar términos tan desagradables como ‘privatización’, ya no vale recurrir al clásico ‘externalización’, porque el público ha terminado por desenmascarar el concepto ‘oculto’ a fuerza de escucharlo. Así que los gobernantes madrileños se han lanzado en los últimos meses a una tormenta pública de ideas para sustituirlo por otro más ‘amable’. El resultado no puede ser más fructífero: unos hablan de ‘gestión mixta’, otros de ‘gestión indirecta’ y los más audaces de ‘colaboración con lo privado’.

Otros casos más aislados, pero igual de creativos, aparecen de vez en cuando en las notas de prensa oficiales. Así, un día nos enteramos de que en Madrid las operaciones quirúrgicas no se aplazan, sino que se reprograman; de que aquí hay dos clases de ciudadanos, los madrileños de origen y los nuevos madrileños; de que tal o cual acto público se ha desconvocado, que no cancelado, y de que existe el ‘sinhogarismo’. Esta última palabreja, muy en boga, no parece designar, a pesar de lo que diga el diccionario del uso de ese sufijo, un movimiento, escuela o doctrina, cuyos adeptos serían los ‘sinhogaristas’; tampoco una actitud, ni, creemos, una actividad deportiva. Debe de tratarse, entonces, de la acepción número 4: un nuevo término científico.

Caso aparte son los eufemismos ‘sociales’, cuyo punto culminante, por suerte ya superado, llegó con la fiebre de las siglas para designar a algunos colectivos: las PMR (personas con movilidad reducida) o las PSH (personas sin hogar). Ahora se prefiere referirse a ellas con la ‘persona delante’: 'personas con discapacidad', 'personas con diversidad funcional' o 'personas de origen extranjero', opciones defendidas por muchos colectivos sociales.

Probablemente, hoy por hoy, sea la opción más útil para acabar con las etiquetas. Pero se me ocurre que en un futuro ideal, libre de prejuicios, quizá se normalicen de nuevo palabras como ‘discapacitado’ o ‘inmigrante’, al igual que ya no pasa nada por hablar de ‘homosexuales’, por poner otro ejemplo. Eso significará que ya no será necesario recordar que son, por encima de todo, personas.
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