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Carta a los Reyes Magos

Carta a los Reyes Magos

Por José Luis González
lunes 05 de enero de 2009, 00:00h
Actualizado: 07/01/2009 12:51h

Majestades, el año pasado creo que fuimos buenos en la redacción de Madridiario y por eso anotaré a pie de página lo que os pido para el conjunto de mis compañeros de empresa, en particular, y de oficio, en general. Todavía estoy impresionado por la sinrazón de Oriente Medio -denominada así la zona desde España-, donde las bombas de racimo han sustituido en esta ocasión a los racimos de uvas de Fin de Año.

Parece mentira que el hombre, con la experiencia acumulada que lleva a sus espaldas, no haya aprendido la lección de que con la guerra no se construye el futuro sino que únicamente se destrozan vidas, sueños e ilusiones. Y esta noche, la del 5 de enero, será la noche de la ilusión para millones de niños en el mundo no afectado por la guerra. Por eso, desde estas líneas, os pido un poco de cordura para los gobernantes de Israel y de Palestina, la tierra natal del Niño que en las próximas horas vais a agasajar con vuestros presentes de oro, incienso y mirra.

Esta noche, sin embargo, miles de pequeños de Palestina mirarán al cielo pero no para buscaros entre las nubes sino para ver si el ejército adversario lanza más misiles sobre supuestos objetivos militares que en la mayoría de los casos, como ocurre en todas las guerras, también se lleva por delante a civiles indefensos.

Ya sé que no soy original en mi petición, pero a veces de nada sirve una profesión como la mía si cada uno no utiliza su altavoz o plataforma, en la medida de sus posibilidades, para intentar remover conciencias. Está bien que los gobernantes pidan paz; está bien que el Papa pida paz; está bien que las potencias imperantes pidan paz; pero la paz, muchas veces, brilla por su ausencia... como ocurre estos días en Oriente Medio.

Y termino estas líneas, las primeras del año tras el descanso navideño, pidiendo que la crisis económica nos deje también en paz a nosotros y nos permita seguir ejerciendo nuestro oficio, aunque a veces tengamos la sensación de que poco podemos hacer ante los avances de ejércitos que buscando a terroristas –no rotundo a la actividad terrorista- se permitan el lujo de arrasar a indefensas personas que bastante tienen con superar, día a día, los imperativos de la vida, delimitada ésta por fronteras creadas por intereses económicos, políticos o religiosos.

PD: Espero que esta carta no tenga el mismo fin que las que estos días se reciben a millones en las oficinas de correos de los países desarrollados...

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