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Un zapatazo a tiempo puede enderezar la obsesión militarista

Un zapatazo a tiempo puede enderezar la obsesión militarista

domingo 21 de diciembre de 2008, 00:00h
Algunos defienden que un cachete a tiempo puede enderezar una vida. Más de la mitad de los padres  aprueba el "cachete" o "azote a tiempo" para evitar mayores problemas ante sus hijos. Es discutible que el uso de malas artes, aunque sean con cariño y poca ira, para corregir acciones de la infancia que desesperan al progenitor más paciente, sea el camino a seguir, y también es discutible que se recurra a castigos leves como único sistema ante la incapacidad para actuar educando sin imponer. Mucha controversia y bastantes opiniones a favor y en contra del ‘cachete a tiempo’.

No sucede lo mismo, desgraciadamente, con el golpe de zapato al que recurrió un reportero de la TV iraquí para protestar, ante el presidente en funciones de EEUU, George W. Bush, por los miles de muertos de su país a manos de sus ocupantes. Muntazer al Zaidi, el periodista iraquí que llamó perro y lanzó sus zapatos contra Bush, está detenido y se supone que maltratado como corresponde a estos señores de la guerra que le han detenido.

Ha pedido perdón en un escrito dirigido al primer ministro de Irak, Nuri al Maliki, pero de nada está sirviendo. Todos se escandalizan por un zapatazo que, en un contexto distinto al que vive Irak, sería mal visto, y con razón, por ser un método de protesta violento e intolerante; pero los mismos críticos de hoy, por defensores de lo correcto políticamente, no dijeron lo mismo cuando las armas de los ocupantes y sus aviones dejaban el suelo iraquí regado de sangre.

Unas veces, las víctimas civiles son consideradas cómplices de los malos, otras, capricho del fuego amigo y riesgos colaterales. Miles de personas han perdido la vida en esta batalla de Irak que inició Bush saltándose a la torera los permisos para invadir y pasándose por el forro de los cojones las dudas sobre las armas químicas que no guardaba Sadam Hussein.

Después de los sufrimientos de todo un pueblo harto  de la violencia amiga, y también de la enemiga, el zapatazo se ha convertido en un símbolo izado por  un  plumilla iraquí que seguramente tiene mucho que contar sobre las miserias de sus conciudadanos, los abusos de la guerra, el campo de concentración y torturas de Guantánamo y los ladrones de su país que se están forrando con lo que sucede.

Ojalá se pueda decir, en este asunto, lo mismo que algunos defienden en la educación infantil. Ojalá que, en esta ocasión, el feo gesto de un zapato oliendo a rabia por la muerte en su Irak y lanzado a la cara de un presidente que lo esquivó demostrando sus reflejos en esta artes,  sirva para enderezar la obsesión de unos gobernantes militaristas que no ven más allá de su fusil y poderío militar.

Ojalá que el zapatazo sirva para que las gentes del planeta se den cuenta de que el camino de balas y misiles emprendido por algunos para gobernar el mundo no nos lleva a ningún sitio paradisíaco. Nos acerca más al infierno y a la autodestrucción.

Nino Olmeda
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