Rascacielos de quita y pon
viernes 12 de diciembre de 2008, 00:00h
Actualizado: 22/12/2008 14:47h
Menos de veinticuatro horas ha durado el proyecto de levantar un rascacielos de 34 plantas en la plaza de Castilla que se iba a levantar sobre los terrenos hoy ocupados por los juzgados. Sabíamos que la Comunidad quiere vender sus edificios judiciales para, con lo obtenido, pagar los 1.400 millones de euros que le puede costar el Campus de la Justicia que se levanta en Valdebebas.
Sabíamos también que la crisis inmobiliaria había frenado la operación y que las cuentas dejaron de salir. Nos llegó la protesta de Zaera de que no le permitían incrementar el presupuesto de la obra un 56 por ciento -algo lógico porque si un profesional cree que con el presupuesto fijado no se puede hacer lo que pretende, pues con no presentarse al concurso lo tiene arreglado- y que la falta de dinero podía hacer peligrar otros proyectos.
Pero no habíamos caído en que los actuales responsables autonómicos y municipales son de la generación que, a falta de Wii, pasaban sus tardes jugando al Monopoly. Lo habíamos descubierto en otros personajes más próximos al mundo inmobiliario pero no en los escaños políticos. Y, sin embargo, son unos consumados jugadores.
Cuando Madridiario le preguntó al alcalde, el pasado jueves, qué iba a hacer el Ayuntamiento con la petición de recalificación de los terrenos ocupados por edificios judiciales, no sabíamos que el regidor iba a aprovechar la pregunta para explicitar los planes de la Comunidad hasta el punto de que la torre de 34 plantas que, según dijo, había propuesto la Comunidad para plaza de Castilla terminó por ensombrecer el resto de los temas tratados por la Junta de Gobierno.
La forma de presentar el proyecto -sin clarificar los términos exactos de la operación, ni qué contraprestaciones tendría el Ayuntamiento o la ciudad de Madrid- dio la impresión de que los jugadores autonómicos del Monopoly habían alcanzado la casilla de plaza de Castilla y habían decidido, como se hacía en el juego de mesa, sacarle una buena rentabilidad a la operación. La impresión fue tal que, horas después, Esperanza Aguirre desmentía que la Comunidad quisiera obtener un pelotazo urbanístico.
Sin embargo, parece que han sido las noticias y columnas publicadas y los comentarios radiofónicos los que le han terminado por dar la puntilla a un proyecto que podría haber estado bien al ubicar un rascacielos más en la zona en que Madrid ofrece su cara más moderna. El temor a que se considere que la Comunidad sólo buscaba dinero ha hecho que otro jugador de Monopoly, Francisco Granados, consejero de Presidencia, Justicia e Interior, haya dicho "pues quito el hotel y me compro la Gran Vía y si, puedo, algún día me quedaré con la plaza de Cibeles". Ha sido, sin duda, la construcción más efímera que ha tenido Madrid en los últimos años.