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Un hospital con marcha nocturna

Un hospital con marcha nocturna

Por Carmen M. Gutiérrez
domingo 05 de octubre de 2008, 00:00h
Mochuelos, lechuzas y búhos tienen suerte de habitar en Madrid. En la Casa de Campo se encuentra el único centro de recuperación de fauna especializado en rapaces nocturnas de España. Se trata de Brinzal, un lugar donde la actividad comienza cuando cae la noche.
Las rapaces nocturnas son las grandes desconocidas de la fauna madrileña. Sus hábitos, su plumaje acolchado y sus técnicas de camuflaje les permiten pasar desapercibidas, una de sus bazas a la hora de cazar. Aunque muchas de ellas viven en los parques de la ciudades, tan sólo sus sonidos hacen que las tengamos presentes.

Autillos Igual que el resto de los animales salvajes sufren las consecuencias del desarrollo humano. Además de la destrucción de su hábitat natural, las principales amenazas para las rapaces nocturnas son los atropellos, los accidentes con tendidos eléctricos, las intoxicaciones y los disparos intencionados o no.

Por suerte, muchas veces estas aves tienen una segunda oportunidad tras sufrir un accidente: existen varios centros de recuperación de fauna en la Comunidad y uno de ellos está especializado en rapaces nocturnas. Se trata de Brinzal, donde atienden a estos animales cuando alguien los encuentra malheridos o enfermos.

Búho real en tratamiento El trabajo del centro consiste en atender a las siete especies de rapaces nocturnas, todas protegidas, que existen en la Comunidad, aunque si llegan otros animales también se hacen cargo de ellos provisionalmente hasta que encuentran otro centro más apropiado. El proceso siguiente es casi igual que el de cualquier persona que va a urgencias médicas.

En primer lugar se hace un diagnóstico y se trata el problema, explica la coordinadora de Brinzal, Patricia Oreja. El centro, situado junto al albergue juvenil de la Casa de Campo, dispone de una UCI adaptada a estos animales y laboratorios para analíticas. Además, cuando el ave necesita ser operada trabajan en el quirófano de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense.

Cárabos Después de recibir tratamiento, el animal necesita rehabilitarse. El objetivo final es que recupere la salud y pueda volver a su hábitat natural lo antes posibles en las esperadas sueltas que realiza Brinzal junto a las personas que apadrinan las aves que llegan al centro.

El  proceso de rehabilitación comienza en una de las 22 estancias, con ramas de árboles para recrear su hábitat, de las que dispone Brinzal. Cuando ya se han recuperado de las heridas, la última fase es la nave de vuelo, donde las aves disponen de más espacio para ejercitar las alas y donde tienen que volver a cazar por sí mismas los roedores vivos que les esconden los trabajadores y voluntarios del centro.

Lechuza Todas las instalaciones y protocolos están adaptados a las rapaces nocturnas, una de las grandes ventajas de ser un centro especializado, explica Oreja. Junto a ella trabajan habitualmente otros tres enamorados de estos animales nocturnos y más de 20 voluntarios, sin cuya ayuda sería imposible realizar esta tarea, al igual que sin el apoyo de sus socios y de las administraciones públicas, como la Comunidad de Madrid, que les cedió los terrenos.
 
Con estos respaldos se hizo realidad el proyecto que iniciaron hace más de 20 años unos jóvenes de un instituto madrileño que recuperaban en un viejo gimnasio escolar las lechuzas que anidaban en viejas casas pendientes de derribo. El proyecto fue creciendo y cada año atienden a más de mil rapaces en su refugio. Hoy hasta 90 aves, entre búhos reales, mochuelos, autillos o lechuzas, rompen el silencio nocturno de la Casa de Campo con sus característicos cantos.
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