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Gloria, la azafata solidaria

Gloria, la azafata solidaria

domingo 26 de octubre de 2008, 00:00h
Todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Eso es lo que pensó Gloria Iglesias cuando decidió crear Proyecto Gloria, su ONG, que pretende ayudar a los más desfavorecidos mediante la creación de una casa de acogida. De esta forma, pretende dar alojamiento a enfermos de sida y a otras personas en situación de necesidad y exclusión social.
“Mi principal objetivo es que la gente no muera sola y en la calle. Son personas sin techo que tampoco tienen familia ni a nadie que quiera saber de ellos. Algunos son enfermos de sida, otros de cáncer... Aquí hay casos muy duros, pero con mi ayuda y su tremenda fuerza de voluntad salen adelante”, declara Gloria Iglesias, presidenta y creadora de Proyecto Gloria.

“En una ocasión me trajeron a un chico, que ya lleva conmigo nueve años, y que prácticamente daban por muerto. Gracias a los cuidados que recibió en mi casa, ha ido mejorando poco a poco. Aquí toma sus medicinas, come y duerme bajo un techo, además de que recibe el cariño de todos, que también es algo muy importante para salir de las drogas. Su caso es especial: no solo ha conseguido seguir viviendo, sino que se ha sacado el graduado escolar en cinco meses y ha aprobado el carnet de conducir a la primera. Era como un diamante en bruto”, añade Iglesias.

Gloria Iglesias tuvo que hipotecar su casa y pedir cuatro avales para comprar un piso donde acoger a los sin techo más desfavorecidos, incluso a aquellos drogadictos que ya estaban en situación terminal.  “La primera condición para entrar en el piso es querer desengancharse de la droga. Aquí por supuesto les ayudamos a ello. Cuando no pueden desengancharse ellos mismos o no quieren hacerlo, que también es posible, cogen la puerta y se van. Son muy legales”, explica Iglesias.

Además de dar cobijo y alimento a estas personas, el Proyecto Gloria también procura  su reinserción social, laboral y familiar. "Aquí llegan sin documentación y sin hábitos. Incluso hay que inculcarles las costumbres de comer o lavarse de nuevo. Además procuramos reinsertarlos laboralmente en la sociedad y para ello creamos el rastro de la asociación, que es como una especie de terapia ocupacional. Allí restauran muebles, hacen mudanzas... Se habitúan al mundo laboral”, explica Reinaldo Martínez, de 42 años, trabajador social .

Algunos de los chicos de la asociación han conseguido un empleo fuera de ella. “Algunos trabajan pero, eso sí, ninguno se libra de hacer las tareas del hogar. Nos organizamos como en una casa normal. Cada quince días nos cambiamos las tareas, aunque hay algunos como yo, que soy el cocinero, que siempre no ocupamos de lo mismo”, explica Antonio.

La fuentes de financiación principal de la asociación son aportaciones de particulares y voluntarios. También se han recibido subvenciones de Caja Madrid, la Comunidad y del Ministerio de Sanidad. Asimismo diversas empresas, asociaciones y organismos colaboran con la asociación con la aportación de medios económicos, comida y servicios. "A pesar de que recibimos ayuda, necesitamos más recursos económicos para poder seguir adelante”, lamenta Martínez.

La asociación cuenta en la actualidad con una casa de acogida con capacidad para diez personas ubicada en la calle de Miguel Moya de la capital, y cerca de 80 voluntarios y colaboradores. “Creo que la mayor satisfacción que tiene Gloria es la diferencia que observa en nosotros desde que entramos en esta casa hasta el momento actual. Por ejemplo, yo llegué pesando unos 40 kilos y ahora peso más del doble”, concluye Antonio.
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