Dos establecimientos centenarios lucen desde este martes, delante de su puerta, la placa que les acredita como tales: la alpargatería Casa Hernanz y el restaurante taberna Oliveros, ubicados en la calle Toledo, 18 y en San Millán, 4, respectivamente. Con éstos, son ya treinta los establecimientos distinguidos por el Ayuntamiento. El objetivo consiste en apoyar la trayectoria y la labor de los establecimientos más antiguos de la capital.
Los restaurantes Lhardy, Casa Labra, Casa Ciriaco y La Bola; las farmacias Real Botica de la Reina Madre, Colomer, Deleuze y Central de la Victoria; las librerías Hernández, Gabriel Molina y Nicolás Moya; las pastelerías El Riojano y El Pozo; la taberna Casa Alberto y Antonio Sánchez, o la jalmería Casa Vega han recibido la placa, diseñada y dibujada por Antonio Mingote, durante 2006 y 2007.
A ellos se unirán en sucesivas fechas hasta cuarenta comercios que tienen en común su antigüedad, la calidad de sus servicios, y, por supuesto, su afán de renovación y de adaptación a los nuevos hábitos de consumo y a la demanda de su clientela. Todos ellos han logrado sobrevivir, en la mayoría de los casos en el mismo emplazamiento en el que se inauguraron hace más de un siglo, ganándose la confianza de varias generaciones de madrileños.
Casa Hernanz
La moda de las alpargatas campesinas, en los años 60, llegó de la mano de Yves Saint Laurent que las llevó a las pasarelas de medio mundo, y continuó con diseñadores de la talla de Jean Paul Gaultier, Emanuel Húngaro o Tommy Hilfiger. Como consecuencia de ello, Casa Hernanz -que ya llevaba casi siglo y medio vendiendo este tipo de calzado- llena a diario su tienda de la calle Toledo con centenares de clientes, y les lleva a vender unos 100.000 pares al año. En Casa Hernanz están acostumbrados a tener muchos clientes, sobre todo en verano, ya que su tienda es la única que vende en Madrid alpargatas cosidas a mano en 32 colores y casi 30 números, por poco más de cuatro euros.
La tienda dirigida por los hermanos Jesús y Antonio Hernanz ha comenzado a ser conocida a nivel mundial, hasta el punto de que el New York Times acaba de sacar una noticia sobra la pluricentenaria tienda que abrió sus puertas en 1840. Primero eran cabestrantes, luego tienda de cordelería y alpargatería. Desde sus comienzos como jalmería han pasado tres generaciones.
Para comer bien y barato
El restaurante taberna Oliveros es una tasca familiar fundada por asturianos en los aledaños del rastro en 1857. Fue lugar de reunión de los asentadores de pescado de los mercados próximos y una de las tabernas más antiguas de Madrid. En el año 1922 fue adquirida por José Manuel Oliveros que era encargado del famoso café de la calle Mayor "Café Platerías" para instalarse por cuenta propia, dando a la vieja taberna el familiar nombre de Casa Manolín, que más tarde tomó el nombre más serio de Restaurante Oliveros.
Falleció en los años 50, y el negocio pasó a manos de su hijo Antonio, que ya trabajaba en él. Cuarenta y ocho años después, tras su jubilación, fue cerrada temporalmente en el año 1987. Doce años más tarde, en 1999 fue reabierto por el hijo de Antonio, Julio Oliveros, que sigue la tradición familiar.