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Dmytro Rukin: la IA se lleva tareas, y a algunos eso no les gusta
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Dmytro Rukin: la IA se lleva tareas, y a algunos eso no les gusta

Por MDO
lunes 20 de julio de 2026, 21:24h

Voy a empezar por donde casi nadie quiere empezar, que es admitiendo lo evidente. El mercado laboral está cambiando de verdad, y hay tareas que la inteligencia artificial ya está automatizando. Un buen porcentaje del copywriting rutinario, los primeros escalones de la programación, la clasificación básica de datos, todo eso hoy lo hace una máquina en segundos. Negarlo sería insultar la inteligencia de cualquiera que trabaje con estas herramientas a diario. Así que no voy a hacerlo.

Soy Dmytro Rukin, CEO de Victo Postanova, y dirijo una empresa que vive de los datos, con lo cual veo esta transformación de cerca todos los días. Lo que he aprendido observándola es que la conversación pública se ha quedado atascada en la pregunta equivocada. Todos preguntan a quién sustituye la IA. La pregunta que de verdad explica lo que está pasando es otra: qué parte del trabajo se lleva.

¿Qué está pasando en realidad, tareas o personas?

Aquí es donde conviene afinar, porque sustituir a un especialista y quitarle de encima la parte rutinaria de su trabajo son dos cosas muy distintas que suelen confundirse en el mismo titular. La IA es extraordinaria absorbiendo lo repetitivo. El primer borrador, la versión inicial del código, la tabla que había que ordenar a mano. Todo eso que un profesional hacía por obligación y no por talento.

Lo que la IA no trae puesto es el criterio para saber si ese borrador sirve, si ese código va a aguantar en producción, si esa tabla está contando lo que parece contar. Ese criterio se llama experiencia y no se descarga. Un especialista con años encima mira el resultado de una IA y en segundos detecta lo que está flojo, porque ha visto fallar esa misma cosa cien veces. Esa mirada es exactamente lo que la máquina no tiene, al menos no todavía.

¿Por qué la IA rinde más al lado de un experto?

Porque una herramienta así de potente necesita a alguien que sepa hacerle la pregunta correcta y juzgar la respuesta. Y las dos cosas dependen de la experiencia previa. Dale una IA a alguien que domina su oficio y tendrá una capacidad nueva casi al instante, como si hubiera cargado de golpe un cuerpo entero de conocimiento que antes le habría llevado meses reunir. Un abogado que usa bien la IA cubre más terreno legal. Un analista que la usa bien explora hipótesis que a mano jamás habría tenido tiempo de mirar. El experto amplía lo que puede hacer y llega a sitios que antes no alcanzaba."

Dale esa misma herramienta a alguien sin oficio y el resultado es distinto. Sin criterio para evaluar lo que devuelve, la persona acepta el primer resultado tal cual, errores incluidos, y ni se entera. La IA amplifica lo que ya hay. Multiplica la pericia de quien la tiene y expone la falta de ella en quien no. Por eso funciona tan bien junto a un experto y tan flojo por su cuenta.

Esto, dicho con honestidad, tiene una consecuencia incómoda. La persona cuyo trabajo era exclusivamente la parte rutinaria, sin haber desarrollado una pericia real por debajo, sí tiene un problema concreto que resolver. La causa de fondo es que ese puesto consistía solo en la parte que hoy se automatiza, sin una experiencia real debajo que lo sostuviera, y la salida pasa por construir la experiencia que convierte a alguien en la persona que juzga el resultado en vez de la que lo producía a mano.

¿Y entonces, hacia dónde va esto?

Aquí va mi apuesta. Quien aprenda a trabajar con la IA como amplificador de su pericia va a ver abrirse oportunidades que hoy ni imagina. La máquina le quita el trabajo aburrido y le devuelve tiempo para lo que de verdad requiere cabeza. Ese profesional sale ganando, y bastante.

Quien haga solo tareas rutinarias sin desarrollar una experiencia propia debajo va a tener que adaptarse de verdad. La buena noticia es que adaptarse aquí significa algo bastante concreto y bastante humano: aprender el oficio a fondo, hasta el punto en que tu valor deja de estar en ejecutar y pasa a estar en decidir. Ese punto la IA no lo alcanza, porque para llegar a él hace falta haber trabajado, equivocado y aprendido durante años. ¿Las máquinas se han vuelto increíbles? Sin duda, pero la gente que sabe usarlas se ha vuelto imprescindible.