La región registró el pasado miércoles un nuevo atraco a una joyería, el sexto en el último mes. Primero fue un establecimiento de la calle Toledo, en la capital, seguido de dos negocios contiguos en el centro comercial de Entrevías. Después, un local de compra y venta de oro en Torrejón de Ardoz y dos joyerías más, pertenecientes a la conocida cadena 'José Luis'. Ambas, de nuevo, ubicadas en un gran almacén. Una en La Vaguada y otra en el Espacio Torrelodones. Y, para rematar la faena, otro asalto de película, con disfraces religiosos incluidos, en Ciudad Lineal. Un negocio ilícito y que se ha puesto de moda fruto de la brutal subida del precio de los metales preciosos, fundamentalmente el oro.
El violento modus operandi, para más inri, muy similar en la mayoría de los casos. Y es que varios de los asaltos, especialmente los producidos en centros comerciales, uno de los fetiches para este tipo de delincuentes, tuvieron lugar a plena luz del día, perpetrados en grupo, con el rostro cubierto, portando armas de fuego de calibre largo, similares a subfusiles, y tratando de huir tras el golpe de forma completamente planificada, en coche, ya sea robado o alquilado, previamente aparcado en la inmediaciones del objetivo.
"Se han producido una serie de acontecimientos que hacía tiempo que no se producían en este corto periodo de tiempo. Nos preocupa y nos inquieta porque recuerda un poco a los años de plomo del sector a principios de siglo. Son personas sin escrúpulos, que emplean armas de fuego, que pueden causar heridos e incluso muertos... La situación actual no difiere del escenario que existió en el peor de los momentos", traslada con suma inquietud el secretario general del Gremio de Joyeros de Madrid, Armando Rodríguez, en conversaciones con Madridiario.
"Nos preocupa y nos inquieta. La situación actual no difiere del escenario que existió en el peor de los momentos"
Más allá de la labor a cargo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que "hacen lo que pueden con los medios que tienen", los joyeros madrileños ponen sitúan la razón tras esta serie de atracos en la laxitud de la legislación. Y, por ende, ponen el foco sobre la necesidad de modernizar la Ley de Enjuiciamiento Criminal para adaptarla a la realidad actual del fenómeno y, en último término, ponerle freno.
En concreto, Rodríguez alude a lo urgente de aplicar la prisión provisional para atracadores reincidentes aunque el episodio no venga acompasado a violencia activa contra los responsables o los empleados de la joyería. Sobre todo porque la mayoría de estas "bandas organizadas" las componen "extranjeros" que, tras el golpe, no dudan en huir del país a toda prisa para evitar ser juzgados y acabar en la cárcel, incluso cuando previamente se ha logrado identificarles.
"Nuestra ley y nuestros jueces se ocupan de que se ponga en la calle a los ladrones, sobre todo en delitos patrimoniales. Delinquen hoy, mañana los detiene la policía, pasan por el juez, que, salvo que haya heridos, decreta su libertad provisional a la espera de juicio, vuelven a robar y así sucesivamente. En nuestro país, solo por robar no se va a la cárcel. Solo si hay una sentencia firme, lógicamente, que es condenatoria. Pero esta nunca llega. Para eso pasará mucho tiempo y los responsables, que son muchas veces extranjeros, ya no estarán aquí. No será posible juzgarles", lamenta.
"En nuestro país, no se va a la cárcel solo por robar"
Una reclamación, que la prisión provisional para atracadores deje de ser una "medida excepcional", incide a renglón seguido el mismo portavoz, que viene de lejos, desde hace ya más de dos décadas, que exige voluntad política y de la que, a sabiendas, los ladrones suelen aprovecharse.
"El problema es legislativo, como ya denunciábamos hace 20 años. Desde entonces ningún gobierno ha querido cambiarlo (…). La reincidencia requiere un cambio en la normativa para ponerle límite. El problema no es la legislación en sí, sino qué hacemos mientras se pone la condena. Ahora mismo la prisión provisional solo se aplica cuando hay riesgo de fuga o problemas con la destrucción de pruebas. Se concibe como una medida excepcional. Los atracadores, sobre todo extranjeros, lo saben y se aprovechan de ello".
Cuestionado en torno a la efectividad de la seguridad privada como dique de contención -o, al menos, disuasorio- frente a este tipo de sucesos, el secretario general del Gremio de Joyeros de Madrid niega la mayor y asegura que la mayoría de las soluciones que esta ofrece, tales como la contratación de personal extra, ya sea armado o desarmado, "es -económicamente- inasumible para la mayoría del gremio. Solo pueden mantenerla las grandes cadenas".
"Y además tampoco somos un tipo de establecimiento que pueda atender a sus clientes con mampara de seguridad. Dejaríamos de ser joyerías para pasar a ser bancos. Los joyeros saben perfectamente que deben tener cuidado y extremar las precauciones, pero en nuestro sector el contacto físico siempre va a existir", sentencia.