Después de casi tres décadas actuando en la Feria de San Isidro, siempre con ganaderías duras que le impidieron mostrar su lado artístico, que también lo tiene, este ha sido el primer año en que su nombre no figura en los carteles del abono. Pero Fernando Robleño, director de la Escuela Taurina José Cubero Yiyo, de Madrid, tiene esta otra gran responsabilidad que también le llena. Como nos explica, sobre todo porque, según sus palabras, el centro “está viviendo un momento dulce, muy bonito”.
Obligatoriamente antes de que explique las funciones de la Escuela y del “gran equipo de profesores" que le acompañan, es menester preguntarle por sus sentimientos de que un torero de Madrid, como se e considera ya para siempre, no vaya a hacer el paseíllo. Aunque, de haber actuado, nadie duda que sería con bicornes de esas ganaderías duras que rechazan los mandamases del escalafón. A las que les esta agradecido porque le han permitido “sentirse torero” y cerrar su historial “con el reconocimiento “profesional”.
Además, para el de San Fernando de Henares llegar a dirigir una Escuela en la que empezó y se formó es también importantísimo. Y nos relata el día a día con los alumnos, a los que se exige también rendimiento en sus estudios al margen de los toros, amén de una educación que en esta sociedad no tienen muchos otros jóvenes. Su satisfacción es mayor, cual concluye, porque los chavales, a los que se les apoya al inicio de su carrera, están ganando muchos certámenes.
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