A los siempre encomiables gestos de encerrarse en solitario ante seis toros a veces los carga el diablo. Y, pese a que las opciones de salida a hombros son mayores, si no se consigue por las circunstancias que sean -por ejemplo como este domingo por el mal juego de los animales tampoco muy bien escogidos por su trapío-, queda un runrún de fracaso. Tal es ahora el peligro que corre Borja Jiménez, todo entrega en su tarde hasta el punto de que en tres ocasiones se fue a recibir a los bureles en las cercanías de chiqueros. Incluso capaz de remontar a partir del cuarto animal lo cuesta arriba que se le había puesto la tarde por la casi invalidez del segundo y el tercero, cuyos sustitutos tampoco andaban sobrados de fuerzas, lo que impedía el lucimiento. También el 5º volvió a corrales, con lo que el sevillano recibió a 9 bicornes, 9. Sin embargo, voluntarioso en grado máximo, fue capaz de remontar en la segunda mitad con dos buenas labores muleteras con cuarto y quinto bis. También festoneó a lo largo de las dos horas y media largas de la fusión diversas gustosas suertes con el percal. En resumen, que no pegó el petardo que se barruntaba a la muerte del tercero bis, se vino arriba, sí, pero tampoco triunfó. Ya veremos cómo le pesa en lo que resta de temporada.
Precisamente el momento álgido se su actuación fue con el quinto bis, de El Torero, el de mejor presencia del encierro, un animal serio y muy ofensivo, que aunó cierta codicia y movilidad. Lo que aprovechó Borja en una faena de menos a más, mandona y ligada en un palmo de terreno, para ofrecer series de naturales y redondos, algunos con relajo y hasta desmayo, cerradas con variados remates, sobre todo en pases de pecho de pitón a rabo y muy marcados al hombro contrario.
Cuando parecía que iba a despenarlo, se inventó en la cercanía de las dos navajas albaceteñas que lucía el burel una tanda de redondos lentísimos. Pero marró hasta en cuatro ocasiones con estoque antes de la fea estocada final y la oreja de peso que hubiera cortado se esfumó. Ya en el cuarto brilló con mecidas verónicas rodilla en tierra y con la flámula había actuado de manera similar, aunque con un punto de aceleración por lo que no alcanzó la rotundidad y, ya con el publico a su favor, hubo petición no mayoritaria de trofeo.
El sexto fue un animal descasado y distraído, en vista de lo cual, Borja, contrariado, abrevió. Lo que debió haber hecho en el que abrió la encerrona con el que anduvo animoso y relajado con capote y muleta, pero el bicho, que iba y venía con movilidad, se apagó, pese a lo cual el sevillano siguió y siguió ya en plan pegapases y todo cayó en el olvido. Nada pudo hacer con los dos siguientes, sobreros de Victoriano del Río y de Domingo Hernández ayunos de fuerzas.
FICHA
Un toro de DOMINGO HERNÁNDEZ, 1º, con presencia, manejable; uno (sobrero) de VICTORIANO DEL RÍO, 2º, bien presentado y flojo; uno (sobrero) de DOMINGO HERNÁNDEZ, 3º, chico e inválido; uno de CORTÉS 4º, bien presentado y manejable; uno (sobrero) de EL TORERO, 5º, con trapío y casta; uno de DOMINGO HERNÁNDEZ, 6º, bien presentado y descastado. Todos nobles. 1º, 4º y 5º cumplieron en los caballos. BORJA JIMÉNEZ, único espada: palmas; silencio; silencio; vuelta; ovación tras aviso, y silencio. Corrida In Memoriam de Ignacio Sanchez Mejías. Plaza de Las Ventas, 7 de junio. 27ª de abono. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.694 espectadores, según la empresa).