Se libró de que el pitón del toro le calase en la pierna, como todo indicaba. Pero fue peor, porque este milagro no fue óbice para que un entregadísimo Clemente saliera indemne. Quizás fue peor, porque los coletudos temen más a los percances de huesos, que tardan tanto en restañar, que a que las astas se les hundan en la carne. El francés se estaba fajando con su segundo enemigo, cuando por un exceso de confianza se olvidó del animal y éste lo levantó con medio pitón en la taleguilla. Parecía una grave cornada, pero milagrosamente el asta resbaló por dentro sin herirle. Ya en la fea caída no hubo milagro y sí la luxación que esperemos se quede solo en eso, aunque tiene mala pinta. Al margen del percance, Clemente dejó claras sus ganas de subir en el escalafón. Todo lo contrario que un Pablo Aguado que navegó a la deriva con su lote y cerró su tercer -y excesivo- festejo en el abono, y su tercer fracaso. Uceda Leal, sin compromerterse en demasia, dejó apuntes sueltos de clase con percal y flámula. Los tres delante de un encierro -el segundo, y excesivo, de la Feria- mal presentado, blando, áspero, bruscote y sin clase, que empeoró su discreto nivel del pasado día 28.
El protagonismo se lo llevó el galo, que anduvo correcto y firme con el sobrero de Montalvo muy pobre de cabeza y deslucido -sustituyendo al inválido de la ganadería titular- que iba y venía por acá y por acullá siempre con la carita arriba. Dispuesto a todo, Clemente se fue a recibir al otro cerca de toriles, donde ya pudo cogerle, y le persiguió -él al burel, claro- en unos lances arrebatados. Fue el único bicorne exigente y que no se dejó ganar la pelea, convirtiendo la faena en una emocionante toma y daca con máxima decisión del coletudo desde los estatuarios iniciales, que llegó a los tendidos. No había toreo de pitiminí, pero sí de verdad en cortas series por los dos pitones, y sintiéndose vencedor, el francés cometió el descuido ya relatado que lo llevó a la enfermería. Ojalá se recupere pronto y ojalá la empresa lo anuncie de nuevo.
Tal decisión es lo que le faltó a Aguado, que no le plantó cara al genio del colorao ojo de perdiz -nada imposible teóricamente al menos para un coletudo tan placeado, sin justificación de triunfos que le avalen- entre un mar de dudas poco disimuladas. Algo más intentó, no mucho, no vayan a creer, en el también colorao distraidote último, que ya medía bastante en banderillas, pero se encontró con el valor y el buen hacer de una indubitable figura con los rehiletes, Iván García, obligado a saludar como casi todas las tardes. Poco tomó nota su jefe del ejemplo de su subalterno, y pronto se fue a por las armas toricidas. Una voz del siempre sanedrín sabio del 7 resumió la tarde del sevillano: “Hay que ponerse, Aguado”. Pues, eso.
Uceda se quedó a la mitad de la capacidad de Clemente y el desdoro del sevillano. Hecho un pincel con un traje de luces de auténtico lujo, hecho por el artista Justo Algaba, el madrileño dejó algunas gotas de esencia en los de su lote que más que embestir, se defendían, aunque quedó la duda de que pudo hacer más. Con mayor rango en el cuarto, alumbrando una corta tanda de verónicas de belleza sublime, también algunos naturales de uno en uno y diversos remates con la clase que atesora el veterano coletudo. Que en esta época de pegapases y ‘aguados’ siempre son de agradecer.
FICHA
Toros de JUAN PEDRO DOMECQ, feos, que en general salvo el último cumplieron en los caballos, flojos, nobles. Todos descastados excepto el 5º. El 2º fue un sobrero de MONTALVO, sin trapío, blando y deslucido. UCEDA LEAL: silencio; silencio. CLEMENTE: silencio; herido por el 5º -al que mató Uceda- recogiendo su cuadrilla una gran ovación. PABLO AGUADO: pitos; silencio. Enfermería: Clemente fue atendido de luxación de codo izquierdo. Policontusiones. Se realizó reducción e inmovilización con férula y se trasladó al Hospital Fraternidad-Muprespa Habana para estudio radiológico. Pronóstico grave. Plaza de Las Ventas, 5 de junio, 25ª de Feria. Lleno de 'no hay billetes' (22.964 espectadores, según la empresa).