El pasado 22 de mayo se levantó la suspensión del derribo al edificio de la calle Mesón de Paredes con Cabestreros en el que, durante unos años, abrió el restaurante Baobab. Conocida la resolución de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, los trabajos de demolición se reanudaron inmediatamente y el edificio desaparecerá en pocos días. Sobre su solar está anunciada la construcción de un hotel de cápsulas. Este punto ya fue objeto de una profunda remodelación cuando se construyó el aparcamiento subterráneo de la plaza de Nelson Mandela (antes de Cabestreros). En aquella obra se derribó el muro que quedaba en pie del antiguo convento de Santa Catalina. Los grandes sillares de su pórtico aparecen tumbados en un rincón de la plaza.
La suspensión cautelar del derribo fue solicitada el pasado mes de enero por el Partido Socialista, que alegaba un daño irreparable si seguía adelante. Aducía un posible valor histórico de esa finca, una casa con entrada por la calle de Cabestreros con planta baja, un piso y buhardillas. La finca llevaba varios años totalmente abandonada y vandalizada. En sus últimos años de actividad albergó un hostal, además del restaurante senegalés.
Ante la denuncia de los socialistas, el ayuntamiento decidió paralizar las obras y solicitar el informe a la Dirección de Patrimonio. En la resolución del pasado día 22 se afirma que en este edificio “no se detecta valor cultural que sea objeto de protección”. La decisión no ha sentado bien a algunos sectores de Lavapiés, que protestan por la pérdida patrimonial en el barrio. Además de la plaza de Mandela, uno de los puntos más conflictivos de Lavapiés, frente al antiguo restaurante hay otra placita donde se encuentra una pequeña fuente construida durante la segunda república, que mantiene la inscripción.
En la misma plaza, en julio de 2022, se desalojó el edificio ocupado conocido como La Quimera, medida que los vecinos de la zona llevaban años reclamando ante la inseguridad que provocaba en las calles vecinas. Ese edificio permanece tapiado, sin que se hayan registrado viviendas normales en los últimos treinta años. Todavía en las inmediaciones hay signos del funcionamiento de varios narcopisos a la vista del trasiego constante de toxicómanos a determinadas horas.
El hostel de cápsulas que se anuncia no parece que pueda ser una actividad que contribuya especialmente a la regeneración de la zona. Muy cerca, entre las calles Juanelo y Encomienda, funciona otro hostel, especialmente solicitado por los turistas jóvenes que tiene una alta ocupación desde su apertura hace cinco años. El pionero de este tipo de alojamientos fue The Hat, en la calle Imperial. En los últimos años han proliferado los alojamientos e este tipo en el entorno del Rastro y Embajadores, a la par que han ido abriendo restaurantes, muchos de ellos familiares, con una oferta culinaria de diversos países del mundo. El conocido como fenómeno de gentrificación choca frontalmente con los movimientos sociales y vecinales, que denuncian la expulsión de los habitantes de toda la vida aunque, de estos, hace ya años que van quedando pocos.