Tras más de seis meses de gira, recala en Madrid la adaptación teatral de 'La barraca', firmada por Marta Pazos y dirigida por Magüi Mira.
Los argumentos de Blasco Ibáñez estuvieron de moda en el teatro español del primer tercio del siglo XX. La adaptación de 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis' se estuvo representando hasta 1939. También pasaron a la escena 'Arroz y tartana', 'La catedral', 'El intruso' y 'Los enemigos de la mujer'. Seguramente la muerte del escritor, en 1928, estimuló a los adaptadores para llevar al teatro algunas de sus historias.
'La barraca', junto a 'Cañas y barro', 'Arroz y tartana' y 'Entre naranjos', compone un mosaico valencianista que tuvo una extraordinaria aceptación y que sigue estando entre las novelas preferidas de este autor. Las cuatro aparecieron entre 1894 y 1902, uno de los periodos más convulsos de la nación española, con la pérdida de las colonias por medio. El cine se interesó muy pronto por sus novelas, llevando a la gran pantalla 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis' y 'Sangre y arena'.
Televisión Española llevó al gran público dos de estas novelas valencianistas: 'Cañas y barro' (1978) y 'La barraca' (1979). Siendo la única cadena televisiva, el éxito fue arrollador, contando con elencos de primera fila.
Llevar al teatro 'La barraca' requiere un trabajo arduo de síntesis. Es una obra monumental sobre una cerrada sociedad rural, anclada en las peores costumbres del siglo XIX y sometida a la tiranía del terrateniente. A ese ambiente rural llega Batiste con su mujer y sus tres hijos huyendo del hambre, buscando un trozo de tierra en el que ganar el sustento. Tienen la desgracia de ocupar los campos que labraba el desgraciado Barret, que los perdió al no poder pagar la renta. Los campos quedaron yermos porque sus vecinos se negaron a cultivarlos y sobre ellos cayó el baldón de considerarlos malditos. Batiste no se arredra ante la hostilidad de sus vecinos, que lo consideran intruso y ladrón, sin entender que es, como ellos, un desgraciado hambriento. Le repiten constantemente que sus nuevas tierras están malditas. No tardará en comprobar que la maldición acaba por destruir su aventura. Pero el baldón no es culpa de la tierra, sino de la incultura a la que está sometida esa sociedad. La barraca que reconstruye Batiste es la esperanza desvanecida apenas asomada. En ese campo solo tiene hueco la violencia.
La adaptación se centra, sobre todo, en esa violencia que la sociedad rural ejerce sobre los intrusos aplicada, incluso, a los hijos pequeños del matrimonio. No rehúye el drama: lo potencia para señalar las consecuencias del feudalismo y de la incultura. Magüi Mira dirige a un potente reparto en constante estado de excitación y dolor, con dos antagonistas, malo y bueno, de manual: Batiste, que es Daniel Albaladejo, y Pimentó, encarnado por Antonio Hortelano, en el papel más potente que ha tenido hasta ahora en teatro. A su alrededor gira un universo cerrado, vestido de miseria, adormecido por el alcohol barato, que interpreta un sólido elenco integrado por Patricia Ross, Jaime Riba, Jorge Mayor, Antonio Sansano, Claudia Taboada y Elena Alférez.
'La barraca' coincide en la cartelera con 'Las últimas', una especie de docudrama sobre los últimos de Filipinas. ¿Se ha puesto de moda entre los dramaturgos revisar el siglo XIX?
'La barraca' se representa en el teatro Fernán Gómez hasta el 21 de junio.