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Entrelobas, proyecto de telepastoreo caprino.
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Entrelobas, proyecto de telepastoreo caprino. (Foto: Entrelobas)

Madrid, epicentro de la revolución silenciosa del pastoreo virtual

Así funciona el telepastoreo

domingo 31 de mayo de 2026, 09:10h
Actualizado: 31/05/2026 10:29h

En la Sierra Norte de Madrid hay un rebaño que no necesita postes, alambres ni mallas para saber hasta dónde puede llegar. Las cabras avanzan entre jaras, pastos y laderas guiadas por una frontera que no se ve. Pero, ¿y el límite? Dibujado en una aplicación móvil.

Cada animal lleva un collar con GPS y, cuando se acerca al borde del recinto virtual, escucha una melodía. Si no rectifica su marcha, recibe un pequeño pulso eléctrico. Así funciona el telepastoreo, una tecnología que está cambiando la forma de manejar el ganado en extensivo y que en la Comunidad de Madrid tiene uno de sus proyectos más llamativos: Entrelobas.

Detrás de esa imagen (cabras con collares inteligentes pastando en un monte donde también hay lobos) no hay una rareza tecnológica, sino una respuesta a varios problemas muy concretos: el abandono del campo, la falta de relevo en la ganadería, el aumento del matorral, el riesgo de incendios, la conciliación de los pastores y la necesidad de convivir con la fauna salvaje.

David Pérez, cofundador de Entrelobas, lo explica de forma sencilla: “El telepastoreo se refiere a la gestión del manejo del rebaño con unos dispositivos que tienen geolocalización, pero que también cuentan con un sistema de límites que delimitan el área en la que pueden pastorear los animales”.

El sistema combina una aplicación móvil, collares GPS y un entrenamiento previo de los animales. Desde el teléfono, el pastor marca el perímetro de pastoreo y ese vallado virtual se envía a los collares y cada dispositivo comprueba la posición del animal. Cuando una cabra se acerca al límite, el collar emite un sonido. Si el animal continúa avanzando y la melodía termina, recibe un pulso eléctrico dirigido a ese ejemplar.

“Es como una mezcla entre el pastor eléctrico y el GPS”, resume Pérez. La comparación ayuda a entenderlo: en un vallado eléctrico convencional, el animal aprende a reconocer el hilo después de recibir una descarga. En el telepastoreo, el hilo desaparece y el aviso pasa a ser sonoro. “Cuando los animales han aprendido, en cuanto escuchan el sonido ya saben a qué atenerse”, cuenta. No hace falta que todos los animales reciban el aviso: si suena a uno, el resto del rebaño también entiende que ahí está el límite.

Pastores y conciliación

Antes de utilizar este método hay que enseñar a los animales, revisar el funcionamiento de los collares y conocer bien el terreno. El telepastoreo no elimina el oficio del pastor; lo desplaza hacia otro tipo de decisiones: qué zona se pasta, durante cuánto tiempo, con qué carga ganadera, qué áreas se excluyen, cuándo conviene abrir más espacio y cuándo reducirlo... todo con el único objetivo de mejorar la vida del pastor, que ahora tiene más tiempo para dedicarle a su vida.

Pérez explica poniendo Entrelobas de ejemplo, cómo él y su compañera Clara Benito han ahorrado mucho tiempo de trabajo y han mejorado la calidad de vida de sus animales. "Antes, los animales pasaban la noche cerrados y por la mañana salían con hambre", expresa. “Ahora llegamos por la mañana y ya han comido, lo que nos permite revisar a algunos ejemplares que lo necesitan con más calma, y beneficia a los animales, que organizan mejor sus ritmos de alimentación, descanso y rumia".

"Sin el telepastoreo, cuidar de un rebaño es un trabajo que te exige estar las 24 horas del día con los animales"

El cambio tiene una dimensión práctica, pero también emocional. El pastoreo de ganado menor exige mucha presencia. No es solo vigilar: es acompañar, mover, encerrar, soltar, proteger. En zonas donde ya casi no quedan pastores, esa dedicación constante complica la vida familiar y social. Por eso, cuando Entrelobas empezó a usar collares, una de las primeras motivaciones no fue producir más, sino vivir mejor.

“La primera razón fue la conciliación: poder estar más tranquilos. Es un trabajo que, de otra manera, te exige estar 24 horas allí, con los animales”, reconoce Pérez. "El telepastoreo permite saber dónde está el rebaño sin estar de manera física junto a él en todo momento y, además, medir sus niveles de actividad con respecto al rebaño o, en un único ejemplar, comparando con días anteriores. Así podemos identificar problemas de salud, por ejemplo".

La restauración del campo

No obstante, el telepastoreo ofrece muchos más beneficios y ventajas frente al modelo clásico, siendo uno de los puntos fuerte el cuidado del suelo. La zona donde trabajan los fundadores de Entrelobas había sido, durante décadas, un paisaje manejado por agricultura, ganadería y rotaciones. Había cereales, leguminosas, ovejas, cabras y pastos. Con el abandono rural, muchas de esas dinámicas desaparecieron. Donde antes había espacios abiertos, entró el jaral y donde antes pastaban los rebaños, se acumuló matorral.

“Al desaparecer los rebaños, que son los que aportan la materia orgánica al suelo, desapareció el pasto”, resume Pérez. En ese contexto, las cabras funcionan como una herramienta de restauración. Ramonean, abren claros, reducen la continuidad del matorral, incorporan estiércol y permiten que la luz vuelva a llegar al suelo. Allí donde la jara pringosa domina grandes extensiones, el pastoreo dirigido puede favorecer poco a poco la vuelta de herbáceas y pastizales. El telepastoreo permite decidir con mucha exactitud dónde ocurre ese proceso.

“Estamos restaurando otra vez los pastizales con las cabras, haciendo este pastoreo de precisión”, explica Pérez. “Desbrozan por sí solas, van generando claros en el jaral, vuelve a crecer el pasto, deshojan las jaras, las jaras van muriendo, aportan estiércol al suelo y entra luz”.

Además, en un momento en el que los incendios forestales preocupan cada vez más, esta forma de manejo ofrece una lectura especialmente interesante. Si el matorral avanza sin control, las cabras pueden abrir discontinuidades y si los cortafuegos necesitan mantenimiento, el ganado puede hacerlo de forma recurrente.

"Con el redil virtual siempre las llevas como rebaño, juntas. Entonces la defensa de los mastines es muy efectiva"

“Puedes llevarlas a cortafuegos y dirigirlas el tiempo que queramos haciendo un cortafuegos”, señala Pérez. La precisión del vallado virtual permite concentrar el trabajo del rebaño en una zona concreta sin instalar infraestructuras permanentes. También permite dejar fuera áreas sensibles, como zonas de regeneración vegetal, especies en floración o lugares donde cría algún animal silvestre.

Pero, sin vallas, ¿cómo se protege al rebaño de ataques de lobos? Entrelobas no se llama así por casualidad. La presencia del depredador obligó desde el principio a repensar la protección del rebaño. Así llegaron los mastines y, más tarde, el telepastoreo se convirtió en una ayuda adicional.

En un pastoreo convencional por monte abierto, el rebaño puede dispersarse y, si un grupo se queda atrás, los mastines están delante y aparece una oportunidad para el ataque. Con el redil virtual, los animales se mueven de forma más compacta y los perros pueden protegerlos mejor. “Con el redil virtual siempre las llevas como rebaño, juntas. Entonces la defensa de los mastines es muy efectiva, porque siempre están controladas por ellos”, explica Pérez.

Por la noche, o en días de niebla, cuando el riesgo aumenta, pueden reducir el tamaño del recinto virtual y concentrar más al rebaño sin montar un redil físico nuevo. “Gracias al pastoreo virtual y nuestros mastines, no tenemos ataques desde 2018", asegura Pérez.

El telepastoreo sí tiene barreras

No obstante, aunque el telepastoreo sea un método de manejo muy beneficioso para pastores y ganaderos, no está al alcance de todos por su elevado coste. Equipar un rebaño de ganado menor no es barato porque no hablamos de decenas de animales, sino de centenares. Por eso las ayudas públicas pueden ser decisivas para que más explotaciones lo incorporen.

“Es difícil empezar porque los collares son caros”, admite Pérez. Aun así, asegura que cada vez hay más proyectos interesados, sobre todo entre nuevas incorporaciones al sector. Para jóvenes ganaderos, familias que quieren vivir de la ganadería o explotaciones que buscan reducir dependencia de piensos y forrajes, la herramienta puede marcar la diferencia.

Lo que ocurre en Entrelobas no es una postal futurista ni una simple curiosidad rural. Es una pista de hacia dónde puede evolucionar parte de la ganadería extensiva en Madrid: menos dependiente de vallados físicos, más conectada a datos, más precisa en el uso del territorio y, al mismo tiempo, más parecida a lo que siempre fue el pastoreo: animales moviéndose por el monte, fertilizando el suelo, abriendo pastos y construyendo paisaje.

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