De Lavapiés, doctor ingeniero informático y profesor de Inteligencia Artificial durante más de cuatro décadas en la Escuela Superior de Ingenieros Informáticos de la Universidad Politécnica de Madrid. Desde 1981 hasta 2025, toda una vida dedicada a enseñar cómo piensan -o intentan pensar- las máquinas. Pero hoy no hablamos con Martínez Orga de algoritmos, sino de algo mucho más humano: el deporte, la gestión y la pasión que hay detrás.
Además, la conversación llega en un momento oportuno: Ufedema y Madridiario acaban de estrenar un acuerdo de colaboración por el que el periódico incorpora una nueva sección dedicada íntegramente al deporte madrileño, nutrida con los contenidos que aporta la propia federación.
Con ustedes, Vicente Martínez Orga (Madrid, 1955), presidente de Ufedema.
El máximo responsable de la Unión de Federaciones Deportivas Madrileñas y, al mismo tiempo, presidente de la Federación Española de Tiro con Arco, asegura que su idilio con el deporte viene de siempre. Desde muy joven tuvo licencias federativas -recuerda incluso una de tiro neumático con apenas once o doce años- y, aunque reconoce que nunca fue un gran deportista, sí encontró su lugar en la gestión deportiva. Quizá precisamente por eso. A los 20 años ya estaba implicado en la Federación de Deporte Universitario de Madrid, en 1975, marcando el inicio de una trayectoria que ha durado medio siglo.
Cuando se le pregunta por la “mejor diana” de su vida, no duda: haber podido dedicarse durante 50 años a lo que le gusta. Para él, la verdadera satisfacción no está en marcas personales ni en logros deportivos propios, sino en haber facilitado que otros lleguen más lejos. Se siente profundamente agradecido por haber construido su vida en torno a esa vocación y admite, sin rodeos, que parar sería "casi destructivo" para él.
El deporte lo sostienen las familias

Sobre la financiación del deporte, su visión es clara: el verdadero sostén son las familias. Aunque el Estado invierte en programas y desarrollo, insiste en que sin el esfuerzo cotidiano de padres y madres -que inscriben, acompañan, esperan, pagan equipaciones, etc.-, el deporte simplemente no existiría. Más que reclamar más dinero público, defiende un uso eficiente y, sobre todo, incentivos como una ley de mecenazgo que favorezca la inversión privada. También subraya una contradicción evidente: si el deporte es salud, el sistema sanitario debería implicarse más activamente.
Al mirar atrás, no idealiza el pasado, pero sí echa de menos ciertos valores. Recuerda una época con más compañerismo, más tiempo compartido, más “tercer tiempo” tras los partidos. Hoy percibe una vida acelerada, dominada por móviles, agendas apretadas y menos espacio para la convivencia. Habla de una cierta deshumanización: menos tiempo para consolar a un compañero o celebrar juntos, más prisa por pasar a la siguiente obligación.
“Las medallas más baratas”
En cuanto al deporte español, defiende que se consiguen resultados muy notables con una inversión relativamente baja. De ahí su conocida frase: “tenemos las medallas más baratas”. Comparado con otros países europeos, España invierte mucho menos, pero mantiene un nivel competitivo alto. En el caso de Madrid, incluso señala que la inversión por habitante está por debajo de la media, lo que hace aún más llamativos los resultados.
Sobre su trayectoria al frente de Ufedema, destaca la evolución hacia una gestión más cercana y participativa. Cree en la necesidad de “higiene” institucional o mecanismos que eviten el estancamiento, aunque no es partidario de limitar mandatos de forma estricta. Considera que la experiencia es clave para llegar a los niveles más altos y que los liderazgos deben renovarse cuando deje de haber utilidad, no por imposición automática.
Reconoce que, como en cualquier trayectoria larga, ha cometido errores. Decisiones tomadas con la información disponible que luego no resultaron ser las mejores. Pero lo asume como parte natural del proceso y como una fuente de aprendizaje. Se define como una persona dialogante, poco dada al enfrentamiento, que prefiere construir consensos y no dejar “cadáveres en el camino”. Así lo percibimos nosotros también durante esta entrevista y algún que otro encuentro previo que hemos tenido con Vicente.
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, sorprende con una respuesta poco habitual: preferiría no ser recordado. Para él, el verdadero legado está en lo construido, en lo que queda funcionando sin necesidad de su nombre. Rechaza protagonismos y cree que el reconocimiento debe centrarse en los deportistas, no en los gestores.
Mirando al futuro, especialmente a los Juegos Olímpicos de 2028, se muestra prudente. En disciplinas como el tiro con arco, donde los recursos son limitados y no hay grandes patrocinadores, los resultados dependen casi de “milagros” individuales. Por eso insiste en algo fundamental: la formación de los deportistas. Nadie, dice, debe sacrificar su futuro profesional por un deporte del que difícilmente podrá vivir.
Una vida dedicada a la gestión deportiva
Aun así, mantiene la puerta abierta a seguir en sus responsabilidades si continúa siendo útil. Tiene energía, ganas y, sobre todo, una motivación intacta. El deporte -admite- es el motor de su vida.
Hoy Martínez Orga ya no compite (ni en lo deportivo ni en lo académico). Dejó la alta competición en el 2000, en parte porque su papel institucional lo hacía incómodo. Bromea con la presión añadida: "parece que un presidente debería rendir como un atleta de élite". Sin embargo, conserva una profunda conexión con el tiro con arco, un deporte que define como eminentemente mental, donde la concentración lo es todo y donde incluso fenómenos como la “fibra del amarillo” ponen a prueba la fortaleza psicológica del deportista. Esa misma exigencia mental, esa necesidad de precisión y equilibrio, es la que ha trasladado durante años a su labor en la gestión, tanto al frente de la federación madrileña de esta práctica, como en la de Ufedema.
Porque, más allá de una disciplina concreta, su gran campo de tiro ha sido Ufedema: un espacio en el que ha trabajado para cohesionar federaciones, mejorar la comunicación entre ellas y dar visibilidad al deporte madrileño en toda su diversidad, desde la base hasta la élite. En ese empeño sigue, convencido de que el deporte no solo construye resultados, sino también comunidad, valores y futuro. Y quizá ahí esté la clave de todo: no en dar en el centro de la diana una vez, sino en seguir apuntando cada día con la misma convicción.