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Una voluntaria de 'Painting for others', de la ONG Cooperación Internacional
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Una voluntaria de 'Painting for others', de la ONG Cooperación Internacional (Foto: Cooperación Internacional)

Voluntariado a brochazos: más de 200 jóvenes dedican su tiempo libre a pintar casas de personas vulnerables

Por Ángela Beato
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abeatocmadridiarioes/7/7/19
domingo 05 de abril de 2026, 08:55h
Actualizado: 10/04/2026 19:54h

Un viernes por la tarde, mientras Madrid se llena de terrazas y planes, un grupo de chavales descarga escaleras, rodillos y cubos de pintura de una furgoneta. No van a una mudanza ni a un trabajo remunerado. Van a un piso con humedades y el techo desconchado que pide con urgencia una mano de pintura.

Así arranca la acción de 'Painting for Others', el proyecto de la ONG Cooperación Internacional que este pasado trimestre ha movilizado a 265 voluntarios para rehabilitar 14 viviendas, una residencia para personas sin hogar, dos centros sociales de mujeres en situación de vulnerabilidad y un centro asistencial en distintos puntos de Madrid.

La campaña se ha desarrollado durante cinco fines de semana, del 13 de febrero al 22 de marzo, y ha llegado a barrios y distritos como Carabanchel Alto, Puente de Vallecas, San Cristóbal de los Ángeles, Numancia, Ciudad Lineal, Tetuán y el entorno de la Dehesa de la Villa.

Detrás de cada pared blanqueada y cada techo reparado hay una historia, pero también una idea muy clara: la solidaridad encuentra múltiples caminos y a veces basta con una brocha, un rodillo y un grupo de jóvenes dispuestos a dedicar su tiempo libre a que otras personas puedan vivir un poco mejor.

Un proyecto con casi 30 años de recorrido

'Painting for Others' no es una iniciativa nueva. De hecho, es uno de los proyectos más veteranos de la ONG. Se inició hace 29 años en Sevilla y luego ya se extendió a Madrid y otras áreas territoriales.

Según explica Teresa Martín Aguado, directora de proyectos de Cooperación Internacional, la idea es “fruto también del trabajo de nuestros voluntarios, de atender a familias, de entrar en sus casas, de ver la situación de pobreza que estaban viviendo y de intentar de alguna manera devolver un poco la dignidad que quizás estaban perdiendo por vivir en una situación en la que no nos queremos ver nadie”.

Tras esta reflexión y ante la pregunta de qué se podía hacer para remediarlo, encontraron esta vía: “Aunque sea blanqueemos sus casas y que puedan estar más a gusto donde están viviendo”, resume.

Voluntarios pintando una casa (Foto: Cooperación Internacional)Las viviendas y centros que se rehabilitan no se eligen al azar. Cooperación Internacional trabaja en coordinación con otras entidades que detectan situaciones urgentes: personas mayores en soledad, familias con escasos recursos o colectivos en exclusión.

“Nuestra ONG tiene más de 30 años, entonces hacemos un trabajo en red con otras entidades, que es la única manera de trabajar”, señala Teresa. Así es como llegan avisos y propuestas: pisos deteriorados, espacios sociales con falta de mantenimiento, centros que atienden a personas sin hogar y que necesitan un arreglo.

Antes de ponerse manos a la obra, los coordinadores visitan cada lugar para valorar si es viable. Porque muchas veces el problema va más allá de una capa de pintura. “Cuando se encuentran boquetes o unas humedades muy grandes, no podemos, porque nuestros jóvenes voluntarios no son profesionales”, explica Teresa. Por eso el proyecto se centra en tareas asumibles: blanquear, limpiar, ordenar y adecentar.

Aun así, no siempre es sencillo. “A veces te encuentras situaciones muy difíciles e incluso no puedes casi ni entrar en la casa de lo descuidada que está”, añade. En algunos casos, recuerda, han tenido que enfrentarse a viviendas afectadas por un síndrome de Diógenes o por la incapacidad física de quienes viven allí. En esas situaciones, “primero hay que hacer limpieza y luego ya se pinta”.

Pintar, pero también educar en el compromiso

El objetivo de 'Painting for Others' no es únicamente rehabilitar viviendas. La ONG insiste en que la campaña tiene un segundo propósito igual de importante: educar a los jóvenes en el compromiso social.

“Nuestra misión es formar a la gente joven en una cultura de la solidaridad”, explica Teresa. “Que sean responsables, que sean protagonistas del cambio que ven que se necesita”.

“Nuestra misión es formar a la gente joven en una cultura de la solidaridad”

Para Cooperación Internacional, el voluntariado no es solo una acción puntual. Es una experiencia transformadora. “Lo que pretende es que los jóvenes conozcan distintas realidades para que después puedan actuar”, señala. Y añade algo que se repite en cada edición: muchos jóvenes descubren que la pobreza no está tan lejos, a veces vive muy cerca de donde viven ellos.

Esa sorpresa la vivió Jaime Sagardía, uno de los voluntarios que ha participado por primera vez en la campaña. Estudiante de segundo de Bachillerato en el Colegio Las Tablas-Valverde de Madrid, llegó al proyecto gracias a una iniciativa de su centro que propuso a sus alumnos realizar al menos un voluntariado al mes.

Él conocía el proyecto porque su madre trabaja en la ONG, así que tenía claro cual iba a ser su propuesta. “Cuando llegó mi turno de proponer un voluntariado, 'Painting for Others' estaba ahí”, cuenta. Movilizó a compañeros de su curso y organizó las cuadrillas de cuatro o cinco personas que cubrieran los cuatro turnos de fin del fin de semana, del viernes al domingo.

Su grupo pintó dos casas. La primera, en Chamartín. Allí se encontró algo que desmontó sus prejuicios. Esperaban que les enviaran a un distrito de los denominados ‘pobres’. “Nos chocó de primeras, pensábamos que iba a ser una zona más humilde”, relata. De hecho, “la zona de abajo parecía un hotel”. Pero al subir, la realidad era otra. “Era un sitio de apartamentos muy pequeños y muy deteriorados”, explica. “Las paredes estaban súper húmedas, todo se caía”.

La segunda intervención fue en Vallecas. Allí el deterioro era aún más extremo. “Nos tuvimos que quedar hasta las cinco, porque el techo estaba muy mal y hubo que rasparlo casi entero”.

“El voluntariado te cambia a ti”

Más allá del trabajo físico, Jaime se queda con el componente humano. En la primera vivienda se encontraron a un matrimonio de personas muy mayores con deterioro cognitivo, en una situación especialmente delicada. “El marido apenas hablaba, solo colocaba sus 300 periódicos. La mujer tenía depresión y casi no se levantaba de la cama”.

Voluntarias de 'Painting for Others' (Foto: Cooperación Internacional)La irrupción de los jóvenes voluntarios en estos hogares vulnerables supone un soplo de aire fresco para algunas personas que no suelen interactuar con nadie. Por eso, en medio del trabajo, hubo algo que para Jaime fue casi más importante que el resultado final: su reacción al ver “a un grupo de cinco chavalillos que fueron a pintarle la casa, estuvimos hablando con la señora, y la chica que estaba ahí ayudando al matrimonio en la casa nos dijo que era muy raro que la señora hablase incluso se levantase de la cama”.

En la segunda vivienda les esperaba una familia con dos hijos. Aunque no interactuaron con ellos tanto como en la anterior vivienda, se mostraron muy agradecidos. “Nos preguntaron alguna vez si queríamos algo o si necesitamos alguna cosa y nos agradecieron el trabajo", recuerda Jaime.

La experiencia le dejó una reflexión directa, sin adornos: “Yo creo que siempre el voluntariado llega a un punto en el que casi ayuda más a la propia persona que lo hace”.

Y aunque pintar una vivienda puede parecer algo sencillo, él lo resume con una frase que encaja con el espíritu del proyecto: “Pintar una casa yo creo que no cuesta casi nada, pero el poder compartirlo con unos amigos y hacer feliz a esa persona mayor, nos enriquece mucho”.

Una campaña que funciona por organización y por confianza

Durante estos fines de semana, los voluntarios se han organizado en turnos de mañana y tarde, coordinados por responsables que reparten materiales y explican el trabajo. Jaime reconoce que muchos llegaban sin experiencia previa, como era su caso.

“Nunca había pintado”, admite. Pero recibieron indicaciones básicas y las herramientas necesarias. “Nos dieron todos los materiales, el papel del suelo, la pintura, la masilla… y a pintar”, explica.

"El voluntariado llega a un punto en el que casi ayuda más a la propia persona que lo hace”

En este engranaje, la logística es clave. Y Teresa subraya la importancia de la colaboración externa. “Todo esto también es posible gracias al apoyo que recibimos de tres empresas, sin ellas es que sería imposible”, afirma.

Entre esos apoyos menciona la financiación de la Fundación Pryconsa, el suministro de materiales por parte de Wenceslao García y la cesión de una furgoneta de Ayvens, imprescindible para transportar cubos, rodillos y herramientas. “La logística del programa tiene su complicación de ir de distrito en distrito con todos los materiales”, recuerda.

Pero hay otro factor igual de decisivo: la confianza de quienes reciben la ayuda. Familias que abren la puerta de su casa a un grupo de jóvenes desconocidos, que dejan entrar a voluntarios en espacios íntimos y, en muchos casos, comparten su historia.

La campaña termina con cifras que impresionan: 265 voluntarios, 20 agrupaciones juveniles, decenas de espacios rehabilitados. Pero lo que queda, más allá del blanco recién dado en las paredes, es el vínculo que se genera.

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