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Concierto de Marilia en la sala Galileo Galilei
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Concierto de Marilia en la sala Galileo Galilei (Foto: Jeni Maestre)

Marilia arranca su gira 30 aniversario en una Galileo Galilei entregada

Por Juancho Pajares
viernes 27 de marzo de 2026, 18:06h
Actualizado: 31/03/2026 12:27h

La célebre sala madrileña colgó -subió, sería más correcto ahora- ayer el cartel de sold out a los pocos días de ponerse a la venta las entradas. Anoche no cabía un alfiler: pasillos, escaleras y barras llenas de público dispuesto a reencontrarse con unas canciones que forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Un auténtico gustazo ver la Galileo así de viva.

Es sí, no fue tan agradable el trato que recibimos mi compañera fotógrafa y este juntaletras -acompañados, además, de un par de amigos, atónitos- por parte de algunas personas de la sala (¿RR.PP.?). Una situación que mucho contrasta con la eficacia y educación que siempre demuestra Chema Cano, jefe de Prensa de artistas, e incluso la propia Marilia que, tres cuartos de hora antes de subir al escenario, nos atendió con cercanía y enorme amabilidad. Somos periodistas y estábamos trabajando y, también, en cierto modo, para contribuir a la promoción de un espacio al que siempre he tenido especial cariño, como bien saben sus otrora propietarios, Ángel Viejo y el inolvidable gran Cantinero de Madrid, Germán Pérez (QEPD).

Superado el prólogo, llegó la música

El concierto comenzó en un tono íntimo y contenido, creciendo poco a poco en intensidad y ritmo hasta desembocar en un final completamente festivo. El público terminó en pie, cantando y literalmente “bailando con ella”, tal y como la propia artista había pedido desde el escenario.

La apertura llegó con ‘Contigo me cruzo deprisa’, seguida de varios temas de su primera etapa en solitario como ‘Cómo repartimos los amigos’ y ‘Te estamos esperando’, que sirvieron para situar al público en el universo más personal de la cantante.

La primera gran sorpresa de la noche llegó con ‘Cuando los sapos bailen flamenco’, interpretada junto a la cantante Conchita (Mendívil), momento en el que el público comenzó a entregarse definitivamente.

Tras ‘Infinito’, el concierto volvió a girar inesperadamente con la aparición del humorista e imitador Raúl Pérez, con quien compartió escenario en un cover muy particular de ‘Lo echamos a suertes’, dedicada al personal sanitario. Después llegó la versión original del clásico -uno de los grandes himnos de Ella Baila Sola-, coreado de principio a fin por toda la sala.

Raúl Pérez y Marilia (Foto: Jeni Maestre)

Un vídeo con recuerdos personales y momentos de su trayectoria profesional aportó una pausa emocional antes de retomar el repertorio con temas propios como ‘Superviviente’, ‘Bailar conmigo’ y ‘Que se me va de las manos’, Y con ‘Entra’, la conquense vuelve al escenario con outfit renovado, siempre cómodo, dispuesta a seguir dándolo todo.

Muy entradita la noche llegaron ‘Ella baila sola’ y ‘Mujer florero, que pusieron a todo el público en pie, confirmando la vigencia de unas canciones que siguen funcionando como auténticas odas generacionales.

La Galileo, una fiesta

Ya en la traca final sonaron ‘Una cueva en el invierno’ y ‘Y quisiera’, dos de sus hits propios más reconocibles, antes de unos agradecimientos a colaboradores, familia y amigos muy bien traídos, que evidenciaron el carácter emocional de esta gira aniversario.

La apoteosis llegó con ‘Amores de barra’, cantada y jaleada prácticamente por el público entero, que apenas permitió a la artista quedarse sola ante el micrófono.

Marilia anoche nos dejó claro que ella baila todo menos sola.

ENTREVISTA

Marilia Andrés Casares (Cuenca, 1974) celebra tres décadas sobre los escenarios y más de veinte años de trayectoria en solitario tras el éxito alcanzado junto a Marta Botía en Ella Baila Sola, uno de los dúos más influyentes del pop español de los años noventa. Antes del concierto, que inaugura su gira 30 aniversario, charlamos con ella sobre memoria, evolución y presente musical.

Treinta años después de comenzar su camino sobre los escenarios, Marilia sigue hablando de canciones como quien habla de algo vivo. Nos recibe en el camerino de la sala Galileo Galilei poco antes del concierto inaugural de su gira aniversario, tranquila, cercana y con cierta emoción que no disimula, Y, a sus 51, van treinta años de carrera.

Le preguntamos cómo cambia una canción cuando quien la canta ya no es la misma persona que la escribió. Sonríe antes de responder, como si la pregunta la llevara directamente a su propio recorrido.

Para ella, las canciones nunca son iguales. Explica que cada día dicen algo distinto, porque son las personas quienes las llenan de significado con su propia experiencia. Poder cantarlas años después -dice- sigue siendo emocionante precisamente por eso: porque, aunque la vida avance y una evolucione, las canciones continúan siendo verdaderas. “La música evoluciona contigo”, resume. Es, en cierto modo, la nueva Marilia.

La pasión por la música permanece intacta

Hablar de esta etapa en solitario no supone una ruptura, sino una continuidad. Describe el presente como un puente natural entre pasado y futuro. La pasión por la música -cuenta- permanece intacta desde que empezó a componer con apenas once años. No percibe un cambio brusco, sino una evolución lógica, casi orgánica, que la ha llevado a compartir hoy las canciones desde un lugar más personal como compositora.

Un momento de la entrevista (Foto: Jeni Maestre)

La conversación deriva inevitablemente hacia el peso emocional de un repertorio que forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Marilia no habla de nostalgia, sino de celebración. Esta gira, explica, es una manera de festejar treinta años de canciones compartidas, desde su etapa en Ella Baila Sola hasta su presente artístico. Al interpretarlas hoy siente que celebra la vida, su trayectoria y también al público que le ha permitido dedicarse a lo que más le gusta: cantar y componer. Volver a ellas, asegura, es un regalo.

Entre los temas recientes destaca ‘Una cueva en el invierno’, una canción que define como una invitación a disfrutar el camino. Habla de los luchadores como soñadores y anticipa que, en directo, adquiere un carácter especialmente festivo, cercano al folk, pensado para compartirse.

“Por favor, que no me dejen bailar sola”

Antes de despedirnos, le planteamos cómo le gustaría que saliera del concierto alguien que acudiera a verla sin conocer su historia previa. No duda: desea que el público disfrute la música y viva una experiencia única. Cada concierto -dice- tiene algo irrepetible, incluso para quien vuelve noche tras noche. Esa magia compartida es lo que ella espera que permanezca cuando se apaguen las luces.

Y añade, casi como una petición cómplice dirigida al público que ya empieza a llenar la sala: que, por favor, no la dejen bailar sola.

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