Cuando el antiguo Hipódromo de la Castellana desapareció, Madrid necesitaba un nuevo espacio donde continuar celebrando las carreras de caballos que durante décadas habían formado parte de la vida social de la ciudad.
La solución llegó con la construcción del Hipódromo de la Zarzuela, situado al noroeste de la capital.
El nuevo recinto fue inaugurado en la década de 1930 y pronto se convirtió en uno de los proyectos arquitectónicos más innovadores de su tiempo.
A diferencia del antiguo hipódromo situado en la Castellana, este nuevo espacio fue diseñado desde el principio con una visión moderna tanto en lo deportivo como en lo arquitectónico.
Una obra maestra de la ingeniería
El Hipódromo de la Zarzuela es conocido hoy no solo por las carreras de caballos que alberga, sino también por su arquitectura.
Las tribunas fueron diseñadas por los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez junto al ingeniero Eduardo Torroja, una de las figuras más importantes de la ingeniería española del siglo XX.
Las cubiertas de hormigón de las tribunas, con su característica forma curva, son consideradas una obra maestra de la ingeniería moderna.
Gracias a esa estructura innovadora, el hipódromo se convirtió en un referente internacional de la arquitectura racionalista.
Un lugar singular en Madrid
A lo largo de las décadas el Hipódromo de la Zarzuela ha mantenido su papel como centro de las carreras de caballos en Madrid.
Situado en un entorno natural junto al monte de El Pardo, el recinto combina deporte, arquitectura y paisaje.
Hoy continúa acogiendo competiciones hípicas y eventos sociales que mantienen viva una tradición que comenzó en la ciudad hace más de un siglo.
Aunque el antiguo hipódromo de la Castellana desapareció, su historia continúa en este nuevo espacio.
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