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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

El rugido del Manzanares
(Foto: Pixabay)

El rugido del Manzanares

jueves 02 de octubre de 2025, 08:00h
Actualizado: 19/11/2025 18:56h

El 2 de octubre de 1966, Madrid vivió una jornada histórica en el barrio de Arganzuela. El Estadio Vicente Calderón, entonces llamado Estadio Manzanares, abría sus puertas por primera vez. No estaba terminado, las grúas aún saludaban desde el fondo norte y el cemento olía a nuevo, pero la ilusión era más fuerte que cualquier obra pendiente. El Ayuntamiento dio el visto bueno apenas 48 horas antes y la ciudad se preparó para estrenar un templo que no nació de magnates ni bancos extranjeros, sino del esfuerzo colectivo de una afición.

En 1958, el Atlético de Madrid lanzó una emisión de obligaciones hipotecarias para financiar el estadio. Los compradores fueron los socios, los vecinos, los colchoneros de toda la vida. Cada peseta era un ladrillo, cada ladrillo una promesa. El club cumplió: devolvió el dinero con intereses a lo largo de los años 60 y 70, sin escándalos ni retrasos. Así se levantó el Calderón, con hormigón armado, ladrillo y acero, sobrio y funcional, pero con una hazaña que lo convirtió en referente: fue el primer estadio de Europa con todas sus gradas cubiertas. Más de 62.000 localidades envolvían el campo como un anfiteatro moderno, donde el césped hundido parecía rodar en una plaza de toros.

Madrid en los años 60 era una ciudad que se peinaba con brillantina y soñaba con fútbol. En Arganzuela, los domingos eran de misa, vermú y bocatas de tortilla. Las familias llevaban radios portátiles y los niños se colaban por las rendijas del estadio. El partido inaugural enfrentó al Atlético de Madrid con el Valencia. El cielo estaba gris, 14 grados. Luis Aragonés marcó el primer gol de cabeza y Adelardo se lesionó, dejando al equipo con uno menos. Nadie se rindió. Las entradas costaban entre 15 y 50 pesetas y un abono rondaba las 1.000. No era barato, pero era sagrado.

El Calderón no solo rugió por goles. Años después, su césped vibró con conciertos de Michael Jackson, los Rolling Stones, Bruce Springsteen y AC/DC. Fue escenario de noches europeas, chilenas de Futre, lágrimas en Segunda y victorias que hicieron historia. Tras décadas de gloria, el Atlético dejó su templo en 2017 para mudarse al Metropolitano, moderno y global. Pero la esencia sigue intacta. Porque el Calderón fue más que un estadio: fue barrio, fue ritual, fue identidad. Desde aquel 2 de octubre de 1966, cuando el cemento aún estaba fresco y las gradas olían a esperanza, hasta hoy, el Atlético de Madrid ha sido siempre lo mismo: lucha, corazón y Madrid.

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