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Kioskos de la calle Doctor Esquerdo 171
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Kioskos de la calle Doctor Esquerdo 171 (Foto: Imagen cedida por los propietarios del kiosko.)

El último quiosco de Conde de Casal se asoma al cierre: “Estamos poniendo dinero para ir a trabajar”

sábado 11 de octubre de 2025, 09:00h
Actualizado: 19/10/2025 12:25h
Desde comienzos de siglo, siete de cada diez quioscos de prensa han desaparecido de las calles españolas. Los que resisten lo hacen a duras penas, entre la caída de las ventas, el cambio de hábitos de lectura y, en algunos casos, el olvido. En la calle Doctor Esquerdo 171, el quiosco El Trébol de la Suerte lleva nueve años abriendo cada mañana, pero su futuro hoy pende de un hilo: las obras del nuevo intercambiador de Conde de Casal y la ampliación de la Línea 11 de Metro lo han dejado prácticamente aislado y su clientela habitual ha dejado de acudir con regularidad.

Desde que comenzaron los trabajos, el pequeño quiosco que regentan Simón y su hijo Jonathan ha perdido el 70 por ciento de sus ventas. Las vallas, las zanjas y el cierre de accesos han cortado el paso a la clientela. “Cuando quitaron los autobuses nos liquidaron, y cuando cerraron la calle ya nos remataron”, resume Jonathan, que cada día abre el quiosco junto a su padre, aun sabiendo que las cuentas no salen: “Vamos a trabajar poniendo dinero”.

Hoy, la familia trabaja con un calendario marcado en rojo. El 30 de noviembre es el límite que se han impuesto para seguir resistiendo. “Mi padre dijo que no podíamos aguantar más días”, cuenta Jonathan. “Cada jornada abrimos perdiendo dinero, y si para entonces no hay respuesta del Ayuntamiento o de la Comunidad, tendremos que cerrar”. No lo dicen como una amenaza, sino como un acto de rendición ante lo inevitable.

Prensa, libros, juguetes y caramelos

Cuando Simón y su hijo decidieron hacerse con el kiosco, el Ayuntamiento les exigió adaptarlo a la nueva normativa municipal. “Tuvimos que homologar el modelo, quitar el anterior, incluso arreglar el suelo porque faltaban baldosas. Compramos las mismas de la calle para que quedara bien. Todo lo hicimos nosotros”, recuerda Jonathan.

El esfuerzo valió la pena. Durante años lograron ganarse la vida ofreciendo vendiendo la prensa a los que pasaban por Conde de Casal. Pero su catálogo no solo se limitaba a los ejemplares de periódicos y revistas: vendían libros, novedades literarias, juguetes, refrescos y chucherías. “Llegué a tener tres expositores llenos de libros; ahora solo me queda uno, con doce títulos. Antes gastaba 300 euros cada quince días en chicles. Hoy tengo el expositor vacío y apenas un par de paquetes”, cuenta.

El quiosco funcionaba cuando había movimiento, cuando los viajeros del intercambiador o los vecinos del barrio se detenían a comprar el periódico o un detalle para sus hijos. Pero desde que las vallas y las obras rodean la zona, el flujo de gente se ha evaporado. “Yo entiendo que la obra hay que hacerla, pero también deberían entender que nosotros vivimos de esto. Si no tenemos público, no generamos ingresos, y si no generamos ingresos, no podemos pagar las facturas”, lamenta.

"Las obras hay que hacerlas pero nosotros vivimos de esto"

La familia intentó acogerse a las ayudas impulsadas por la Comunidad de Madrid para los comercios afectados por obras, pero tampoco encontraron alivio. “Sabemos que las ayudas eran de 5.000 euros, pero no podíamos acceder. Primero, porque solo dieron dos semanas para pedirlo; segundo, porque quedábamos fuera del radio de actuación. Y aunque hubiéramos podido, ese dinero no alcanza para nada: con suerte, cubre dos semanas de facturas”, explica Jonathan.

El quiosquero considera que su negocio debería recibir un trato especial por estar en la vía pública: “Somos un servicio público y estamos en suelo público. Mínimamente, deberían haberse sentado con nosotros hace dos años, cuando empezaron las obras, para ver cómo podíamos organizarnos”.

Ahora la Comunidad planea abrir una nueva línea de ayudas para los comercios afectados por las obras, pero quizás sea demasiado tarde para Simón y Jonathan.

Cartas al Ayuntamiento, a la Comunidad… y hasta al Rey

Desesperados por la falta de respuesta, Simón y Jonathan han tocado todas las puertas posibles. Han enviado cartas al Ayuntamiento de Madrid, a la Comunidad de Madrid, al Consorcio Regional de Transportes y hasta a la Casa Real. “Les escribimos a los Reyes porque ya no sabíamos qué más hacer. Desde Zarzuela respondieron que solo podían trasladar nuestra solicitud al Ayuntamiento. Fue lo único que hemos recibido”, cuenta.

Jonathan afirma que lo único que quieren es que "les escuchen y que las personas que "toman decisiones lo hagan rápido" porque "no hay mucho tiempo". Por ello, también solicitaron su participación en la Junta Municipal del Distrito de Retiro prevista para este 14 de octubre. Pero... a pesar de sus esfuerzos por ser escuchados, la Junta Municipal del Distrito de Retiro inadmitió la solicitud de Jonathan para intervenir en el turno de participación vecinal. Según la notificación oficial, su petición no cumplía con el requisito de presentarse cinco días hábiles antes de la sesión y no justificaba el tema concreto de la intervención. Sin embargo, Jonathan asegura que no pudo presentarlo en plazo debido a problemas con la plataforma y que tampoco le facilitaron soluciones cuando llamó al 010. Más tarde, presentó toda la información requerida, pero ahora lamenta que los trámites burocráticos dificulten aún más la posibilidad de que su situación sea conocida y atendida por las autoridades.

Fuentes municipales trasladan a Madridiario que "desde el año 2024, la Junta de Distrito ha mantenido relación con el interesado hasta en tres ocasiones. Ha sido recibido por los técnicos municipales en las dependencias de la Junta y se ha dado respuesta a sus demandas". Añaden desde el Consistorio que este quiosquero "no puede participar en el turno vecinal del pleno porque ha presentado la solicitud fuera de plazo". En cuanto a la posibilidad de un cambio de ubicación para tratar de salvar la situación, estas mismas fuentes señalan que "muchos de los traslados de otros quioscos que se han llevado a cabo en los últimos años se deben a que las obras imposibilitaban su permanencia por los propios trabajos o quedaban aislados, pero no por cambios de flujos peatonales ni por bajada de ventas y/o ingresos como es este caso".

Mientras tanto, cada día que abren el quiosco es una pequeña derrota económica. “Es insostenible. Si no generamos lo suficiente para pagar las distribuidoras, nos cortan servicios. Es una rueda que no para. Llega un punto en el que trabajas solo para no cerrar ese día”, confiesa Jonathan.

Cerrar también les cuesta dinero

Paradójicamente, incluso cerrar el negocio les supondría perder dinero. “Si cerramos, seguimos pagando. El Ayuntamiento cobra un canon anual de unos 1.000 euros, lo tengas abierto o no. Y si lo dejo cerrado más de seis meses, me obligan a desmontarlo. Levantar el quiosco cuesta unos cinco mil euros”, explica.

En la plaza de Conde de Casal, El Trébol de la Suerte es ya el último quiosco que resiste. A su alrededor, otros puntos de venta desaparecieron hace tiempo. Las obras del Metro han cambiado la fisonomía del lugar, convertida en un laberinto de vallas, pasillos y calles estrechas. Los vecinos mayores tienen que dar largas vueltas para llegar a casa; los antiguos clientes, que venían desde Arganda del Rey, Rivas Vaciamadrid o Morata de Tajuña, ahora ni si quiera pasan por ahí, al cambiar las cabeceras de sus autobuses.

“Nosotros no pedimos caridad, solo una solución para poder seguir trabajando, las soluciones las tienen que poner ellos”, repite Jonathan. La esperanza se mantiene, aunque el calendario avance implacable hacia el 30 de noviembre. Si nada cambia, ese día el barrio perderá su último quiosco… y con él, una parte de su vida cotidiana.

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