La noticia de que se va a estudiar la viabilidad de montar una gran noria en el parque Tierno Galván ya está provocando polémica, y hasta rechazo, antes de conocerse el posible proyecto. Esta atracción, inspirada en las norias extractoras de agua, se ha convertido en uno de los símbolos de muchas grandes capitales. Orson Welles, en su película El tercer hombre (1949), elevó a la categoría de icono la noria del Prater vienés. Levantada en 1867, con 65 metros de altura, sigue siendo una de las paradas imprescindibles para los turistas que llegan a Viena.
Poco después, en 1900, París levantó su Rueda de la Fortuna, cerca de la plaza de la Concorde y con una altura de 95 metros. Barcelona no quiso quedarse rezagada y en 1910 levantó la suya en el Tibidabo, que bautizó como carrusel y que proporcionaba una maravillosa panorámica de la ciudad.
En el año 2000, en Londres se inauguró el London eye (o Millenniun Wheel), una gigantesca noria que alcanza los 135 metros de altura. A pesar de su elevado precio -más de 40 euros- registra casi cuatro millones de visitantes al año. Calculen los ingresos… Desde sus cabinas acristaladas (los antiguos cangilones hace tiempo que fueron desterrados) se tiene una panorámica de casi 40 kilómetros de distancia, con el Parlamento y el Big Ben en primer término.

Sus dimensiones fueron superadas en 2006 por la Estrella de Nanchang (China) que subió hasta los 160 metros y por la Singapore flyer, que alcanza los 165 metros de altura. Son ejemplos de algunas ciudades -en América hay muchas más- que cuentan con esta atracción.
Los que podríamos llamar primeros parques de atracciones de Madrid, los Campos Elíseos y los Jardines de Buen Retiro, ya incorporaron en la segunda mitad del siglo XIX atracciones emocionantes, como la montaña rusa. La primera, en los Campos Elíseos de la actual zona de Goya, se instaló en 1864.
El 15 de mayo de 1969 se abrió el Parque de Atracciones de la Casa de Campo, que sigue funcionando. En los primeros meses no contaba con noria, pero se instaló en 1971 y estuvo funcionando hasta el año 2011. Con 40 años de existencia estaba muy deteriorada y se desmontó para poder instalar nuevas atracciones, a lo que se había comprometido la empresa gestora con el Ayuntamiento de Madrid. Queda para el recuerdo una divertida escena entre Florinda Chico y Paco Martínez Soria en la película El padre de la criatura y rodada con la noria en marcha.

La privilegiada situación en el gran parque ofrecía una estupenda panorámica. Seguramente la demanda de los usuarios de emociones cada vez más fuertes, restó popularidad a la noria. Un año antes había desaparecido el platillo volante, o el Árbol, que era una de las imágenes del parque.
Se supone que, de materializar la idea de levantar una nueva noria, sería en la zona más alta del parque Tierno Galván. Hoy el atractivo de las norias está en las panorámicas. Por mucha rapidez que se imprima a los giros de la gran rueda, ya no pueden competir con las diabólicas montañas rusas actuales. Las cabinas de las norias son para escenas románticas o dramáticas, del cine. Incluso para tomárselas a guasa, como demostró la serie La que se avecina en algunos de sus capítulos. Habrá que seguir la propuesta, no sea que nos encontremos ante lo que, en periodismo, se llama ‘serpiente de verano’.